«Dejad toda esperanza,
los que entráis aquí»
Archivo de criaturas — Edición definitiva
El tomo prohibido
Veinte monstruos que sobrevivieron a la tinta, al mito y al miedo
En 2016 escribí esta entrada como un especial de Halloween. La releí hace poco y, siendo honesto, me dio un poquito de vergüenza ajena de mí mismo. No porque estuviera mal, sino porque la armé pensando en disfraces y no en literatura. Hoy la reescribo como lo que siempre debió ser: no una lista de brujas para la noche del 31, sino los monstruos que de verdad se ganaron un lugar en la cabeza de cualquiera que lea.
Dos reglas, las mismas de siempre. Primera: el orden es por qué tanto me gusta la criatura, no el libro donde aparece. Que un monstruo esté en el uno no significa que su libro me guste más que el del diez. Segunda, la que se me olvidó hace una década: prioridad a los que cargan siglos —o milenios— sobre la espalda. Un bicho de una saga juvenil puede pararse al lado de Homero si se lo gana, aquí no hacemos gatekeeping; pero si voy a poner un monstruo, que sea el libro que lo hizo eterno.
Medusa
Mito griego — recogido por Hesíodo y Ovidio


Empiezo por confesar mi pecado del 2016: la puse aquí y se la acredité a Rick Riordan. A Medusa, que llevaba dos mil quinientos años convirtiendo gente en piedra antes de que Percy Jackson naciera. Un horror. La verdadera Medusa viene del mito, y la versión que todos conocemos —la sacerdotisa castigada, transformada en monstruo por algo que ni siquiera fue su culpa— nos la cuenta Ovidio en las Metamorfosis. Hesíodo la había pintado antes como la única mortal de las tres Gorgonas, y por eso es la que puede morir.
Últimamente hay toda una relectura de Medusa como víctima y no como villana, y sinceramente tiene todo el sentido.
Célebre por su belleza, en toda ella nada había más bello que sus cabellos.
— Ovidio, Metamorfosis
De su cuello decapitado nació Pegaso, el caballo alado. Y su cabeza cortada no se tiró a la basura: se volvió amuleto de protección en escudos y puertas. El monstruo terminó cuidando a la gente.
La Otra Madre (Beldam)
Coraline — Neil Gaiman


No es la más aterradora de la lista, pero pocos conceptos me siguen erizando como este: una madre «perfecta», atenta, que cocina rico y te da todo lo que la de verdad no te da… con botones cosidos en lugar de ojos. Gaiman entendió que el terror no está en lo feo, está en lo casi correcto.
«Beldam» es una palabra vieja en inglés para bruja o vieja arpía, así que el nombre ya te la estaba anunciando.
Oh, pero nosotros te queremos mucho, y deseamos que te quedes.
— Neil Gaiman, Coraline
Gaiman escribió Coraline para sus propias hijas. O sea: escribió una pesadilla como regalo para sus niñas. Respeto absoluto.
Los Mutts
Los juegos del hambre — Suzanne Collins


Los mantengo como mi guiño a lo moderno, porque se lo merecen. Los mutts (mutaciones diseñadas por el Capitolio) son de lo más siniestro de la saga precisamente porque no son un accidente de la naturaleza: alguien los fabricó a propósito.
Para el top elijo a los del tercer libro, esos reptiles que salen de las cloacas, porque provocaron una de las muertes que más me dolió leer. Collins nunca escondió de qué iba todo esto: los mutts son la guerra convertida en criatura, el enemigo hecho a medida para que odies a quien te digan.
Que la suerte esté siempre de vuestra parte.
— Suzanne Collins, Los juegos del hambre
El Sinsajo —el símbolo entero de la rebelión— salió de ahí: de un experimento fallido del Capitolio.
El Minotauro
«La casa de Asterión» — Jorge Luis Borges (y el mito de Creta)


Aquí hice el cambio del que estoy más orgulloso. En 2016 tenía a los penitentes de El corredor del laberinto. Buenos sustos, sí, pero si hay un monstruo de laberinto en la literatura, es el original: el Minotauro, encerrado en el laberinto que Dédalo construyó justo para que nadie —ni él— pudiera salir.
Y no lo pongo por el mito solamente, lo pongo por Borges. Asterión no es una bestia rugiendo, es un ser solo, que no entiende por qué le tienen miedo, y que espera a Teseo casi como se espera a un salvador. Un cuento de tres páginas que pesa más que muchas novelas.
El minotauro apenas se defendió.
— Jorge Luis Borges, La casa de Asterión
Borges cuenta la historia desde adentro del monstruo. Le das vuelta a la página y ya no sabes quién era el monstruo.
El Monstruo
Un monstruo viene a verme — Patrick Ness


El tejo que camina hasta la ventana de Conor no da miedo por los dientes. Da miedo porque te obliga a decir en voz alta lo que no quieres ni pensar. Es el único monstruo de la lista que aparece para ayudar, y por eso duele más que todos los demás juntos.
Las historias son criaturas salvajes. ¿Quién sabe los desastres que pueden causar?
— Patrick Ness, Un monstruo viene a verme
La idea original era de Siobhan Dowd, que murió de cáncer antes de poder escribirla. Ness tomó su semilla y la terminó. Un libro sobre la pérdida, escrito sobre una pérdida.
El Jabberwock
Alicia a través del espejo — Lewis Carroll


Mi dragón de cabecera. No es el más grande ni el más temible, pero es el más raro y encantador de todos. El Jabberwock ni siquiera nació en la novela: viene de un poema de puras palabras inventadas que Carroll escribió antes, considerado uno de los mejores nonsense jamás hechos en inglés.
¡Guárdate del Jabberwock, hijo mío!
— Lewis Carroll, A través del espejo
Varias de esas palabras que Carroll se sacó de la manga terminaron entrando al diccionario de verdad. Se inventó un dragón y, de paso, le regaló vocabulario nuevo al idioma.
Los Nazgûl
El señor de los anillos — J. R. R. Tolkien


Nueve reyes que fueron hombres, seducidos por sus anillos hasta perder cara, nombre y alma, y quedar como espectros al servicio de Sauron. Los Nazgûl no ven como nosotros; sienten. Y esa sensación de ser rastreado por algo que no tiene ojos es peor que cualquier persecución normal.
Un Anillo para gobernarlos a todos.
— J. R. R. Tolkien, El señor de los anillos
El Rey Brujo cargaba una profecía: ningún hombre podía matarlo. Lo derribaron una mujer y un hobbit. Tolkien, filólogo hasta los huesos, escondió el chiste en la letra pequeña de su propia maldición.
Grendel
Beowulf — anónimo


Este es de los que faltaban por pura pereza mía. Grendel es prácticamente el abuelo de todos los monstruos de esta lista: aparece en Beowulf, un poema cuyo manuscrito tiene mil años y cuya historia es todavía más vieja. El texto lo llama descendiente de Caín, un marginado del mundo. Beowulf lo derrota arrancándole un brazo a mano limpia, sin armas.
Era un antiguo descendiente de Caín, que aborrecía a todo ser que no fuera como él.
— Beowulf (anónimo)
En 1971, John Gardner reescribió toda la historia desde el punto de vista de Grendel: un ser inteligente y amargado que odia el salón de los hombres porque nunca fue invitado a la fiesta.
Los Dementores
Harry Potter y el prisionero de Azkaban — J. K. Rowling


Todavía me acuerdo del frío que me dio la primera vez, esa mano gris entrando por la ventana del tren. Los dementores no te matan: te chupan cada recuerdo feliz hasta dejarte vacío. Y el beso del dementor, que te arranca el alma, es de las cosas más perturbadoras que leí de niño porque es peor que morir.
Expecto Patronum.
— J. K. Rowling, El prisionero de Azkaban
Rowling ha dicho que los inventó a partir de su propia depresión. Por eso funcionan tan bien: no son un monstruo de fantasía, son cómo se siente hundirse de verdad. Y el único hechizo que los frena es acordarte de algo bueno.
El Jinete sin Cabeza
La leyenda de Sleepy Hollow — Washington Irving


Confieso que a estas alturas soy casi inmune al cine de terror. Pero de niño hubo una película que me hizo dormir un montón de noches en la cama de mi mamá: la de Tim Burton. Por eso el Jinete sin Cabeza tiene su puesto asegurado; le tengo un cariño con cicatriz.
El fantasma cabalga cada noche en busca de su cabeza.
— Washington Irving, La leyenda de Sleepy Hollow
El cuento de Irving es de 1820 y nunca te confirma si el jinete es un fantasma real o si el bravucón del pueblo se disfrazó para espantar al maestro Ichabod y quedarse con la chica. Te deja la duda clavada para siempre.
Los Caminantes Blancos
Canción de hielo y fuego — George R. R. Martin


En la serie los llaman Caminantes Blancos; en los libros son los Otros, y son muchísimo más inquietantes ahí, porque casi no aparecen. Son un rumor, un frío que avanza desde el norte mientras todos los reyes se matan por una silla.
Se acerca el invierno.
— George R. R. Martin, Canción de hielo y fuego
Cargan siglos de mitología dentro del propio mundo de Martin, y todavía no sabemos bien qué quieren. Que conste que llevo… varios años esperando el libro donde eso se resuelva. George, si me lees.
Pennywise
It — Stephen King


El payaso que le quitó el sueño a generaciones enteras, y con toda razón. Lo genial de Pennywise es que no es un payaso: eso es solo el envoltorio. La criatura toma la forma exacta de aquello que más te aterra, y para muchos niños de la época eso era, precisamente, un payaso.
Todos flotamos aquí abajo.
— Stephen King, It
Despierta cada 27 años en el pueblo de Derry para alimentarse, y su verdadera forma no es humana ni siquiera terrenal. King convirtió a los pueblos aburridos de Maine en el escenario del mal más eficaz de la literatura moderna.
Cthulhu
Los mitos de Cthulhu — H. P. Lovecraft


Solo Lovecraft podía inventar un monstruo cuyo horror no es que te mate, sino que le seas absolutamente indiferente. Cthulhu duerme en la ciudad hundida de R'lyeh; existió mucho antes que nosotros y le importamos cero. Ese es el punto: el terror cósmico no es el miedo a morir, es descubrir que somos insignificantes.
Mención necesaria diez años después: el propio Lovecraft cargaba con un racismo bastante feo que asoma en su obra, y hoy no se puede leer su legado sin ponerlo sobre la mesa. Se puede amar al monstruo y ser crítico con el autor; de hecho, hay que hacerlo.
No está muerto lo que yace eternamente, y en épocas extrañas hasta la muerte puede morir.
— H. P. Lovecraft
Nadie se pone de acuerdo en cómo se pronuncia su nombre. Yo digo «Kazulú» y me hago el que sé.
El Demonio (Mefistófeles)
Fausto — Johann Wolfgang von Goethe


Aquí subí de nivel a propósito. Antes tenía a los demonios de Cazadores de sombras, pero el demonio literario de verdad no es un bicho con cuernos: es Mefistófeles, el que se sienta contigo, te ofrece todo lo que deseas y te lo cobra en el alma. En el Fausto de Goethe, el mal no ataca: negocia, seduce, tiene mejor conversación que tú.
Soy parte de aquella fuerza que siempre quiere el mal y siempre obra el bien.
— Goethe, Fausto
Es un linaje glorioso: Marlowe firmó su propio pacto en el Doctor Fausto, y el Lucifer de Milton prefería mandar en el infierno antes que obedecer en el cielo. El demonio interesante nunca fue fuerza bruta: fue orgullo e inteligencia.
Los Fantasmas
Otra vuelta de tuerca — Henry James


Cambié el ancla de este por un motivo: si hablamos de fantasmas, hay que ir al relato que los volvió literatura seria. En Otra vuelta de tuerca, Henry James hace algo diabólico: nunca te confirma si los fantasmas de la mansión existen o si la institutriz se está volviendo loca. Toda la novela vive en esa duda, y esa duda es el verdadero terror.
La historia nos había mantenido alrededor del fuego casi sin respirar.
— Henry James, Otra vuelta de tuerca
Con cariño para dos más: los tres espíritus de Canción de Navidad de Dickens siguen siendo los fantasmas más famosos del mundo, y El libro del cementerio de Gaiman es una joya donde a un niño lo cría un cementerio entero.
Los Zombies
Del vudú haitiano a Guerra Mundial Z — Max Brooks


En ninguna lista pueden faltar, y aquí les hago justicia con su historia real. El zombi no nació en el cine: viene del folclore vudú haitiano, el zonbi, un muerto al que un brujo devuelve a una vida sin voluntad.
El salto al monstruo moderno se lo debemos a Richard Matheson y su Soy leyenda (1954), que inspiró directamente a Romero. Y para novela pura, Guerra Mundial Z es la mejor: contada como un archivo de entrevistas de posguerra, como si la humanidad ya hubiera ganado.
El pánico es más infeccioso que el Germen Zeta.
— Max Brooks, Guerra Mundial Z
La palabra entró al mundo anglosajón en 1929 con un libro de crónicas, La isla mágica de W. B. Seabrook, mucho antes de que existiera una sola película de muertos vivientes.
Los Hombres Lobo
Del Satiricón de Petronio a En compañía de lobos, de Angela Carter


El hombre lobo tiene un currículum tremendo. El primer licántropo escrito que se conserva está en el Satiricón de Petronio, siglo I: un tipo se desnuda a la orilla del camino, orina un círculo alrededor de su ropa y se convierte en lobo delante de un testigo aterrado.
Ya en tiempos modernos, Angela Carter agarró a Caperucita y la reescribió como un relato de deseo y colmillos. El hombre lobo es, en el fondo, el más humano de todos: es la bestia que llevamos dentro esperando su luna llena.
Los peores lobos son peludos por dentro.
— Angela Carter, En compañía de lobos
La palabra «licantropía» viene del mito de Licaón, a quien Ovidio convirtió en lobo por soberbio.
Los Vampiros
Drácula — Bram Stoker


Los caras pálidas siguen firmes en la cima, y no me extraña. Drácula es de 1897, está escrito como un montón de cartas y diarios, y prácticamente fundó todo lo que creemos saber sobre vampiros. El vampiro sobrevive porque nunca fue solo un monstruo de colmillos: siempre fue deseo, contagio y elegancia. Justo lo que a mí me gusta.
Escuchadlos: los hijos de la noche. ¡Qué música hacen!
— Bram Stoker, Drácula
Dos leyendas que yo mismo repetía: la Carmilla de Le Fanu llegó veinticinco años antes, así que Stoker no inventó al vampiro, lo perfeccionó. Y eso de que Drácula «es» Vlad el Empalador está muy exagerado.
La Criatura de Frankenstein
Frankenstein — Mary Shelley


El grandulón incomprendido, y probablemente el monstruo más importante que se ha escrito. Empecemos por el error que todos cometemos: Frankenstein es el doctor, no la criatura. El monstruo no tiene nombre. Lo llamamos por el apellido de quien lo creó y lo abandonó, y esa confusión, si lo piensas, es la tragedia entera del libro.
Debía haber sido tu Adán, pero soy más bien el ángel caído.
— Mary Shelley, Frankenstein
Mary Shelley tenía dieciocho años cuando lo escribió, en el verano sin sol de 1816, en un reto de cuentos junto a Lord Byron. De esa misma noche salió también el primer vampiro moderno. Una adolescente inventó la ciencia ficción y al monstruo más triste de todos.
Las Brujas
Macbeth — William Shakespeare (con cariño para Las brujas, de Roald Dahl)


Y llegamos al uno. La bruja es el monstruo definitivo: el único que se reinventa en cada época y no muere nunca. Y si hay que elegir a las más influyentes, son las tres hermanas de Macbeth.
Shakespeare las llama «weird sisters», y «weird» viene de una palabra antigua para destino: no son adivinas, son el destino en persona empujando a un hombre hacia su ruina.
Y no me olvido de Las brujas de Roald Dahl, que me marcó de niño: sin dedos en los pies, la cabeza rasposa bajo la peluca, esa Gran Bruja odiando a todos los niños del mundo. De Shakespeare a Dahl, la bruja lo aguanta todo.
Lo bello es feo, y lo feo es bello.
— William Shakespeare, Macbeth
Son tan poderosas que los actores hasta hoy tienen prohibido decir «Macbeth» dentro de un teatro por superstición: le dicen «la obra escocesa».
El veredicto
¿Cuántas velas enciendes por este bestiario?
Y hasta aquí la versión buena, la que debí escribir desde el principio. Diez años me tomó volver, pero valió la pena releírme, reírme del yo de 2016 y darle a cada monstruo el lugar que de verdad le tocaba.
Ahora les toca a ustedes: díganme en los comentarios a quién metí de más, a quién dejé afuera sin perdón, y qué monstruo de sus lecturas merecía un puesto. Que para eso están las listas, para pelearlas.
Chicos, por ahora esto es todo…
Nos leemos en la próxima partida.
Hola! Me encanta la edición de tu blog, mola mucho. Respecto a la entrada, creo que LO PEOR de todos ellos es Pennywise. Al poder transformarse en todos los anteriores, pues, como sabes, se transforma en lo que más temes.
ResponderEliminarSaludos!
Hola, que genial que te guste. Gracias por tus palabras. Exacto, "It" al fin y al cabo se puede transformar en tu peor miedo. Pero quería dar a entender que los clásicos, nunca pasan de moda jajaja
EliminarGracias por leernos,
Saludos, un abrazo gigante.
A mi me encantan los monstruos, la verdad es que prefiero a los monstruos mas que otra cosa, me encanta mucho tu blog, pero el que no me gusta es pennywise, o sea me gustan los payasos de terror pero a el lo veo horrible y siento un disgusto a él. Bueno disfruten del halloween todos los años y disfracense de lo más aterrador🎃🎃🎃🎃
ResponderEliminarHola, lamento no haber respondido antes, peleaba con mosntruos bajo la cama. También soy fan de ellos aunque asusten. Gracias por tu comentario!!! Un abrazo!
EliminarInteresante, felicitaciones.
ResponderEliminarHola Mauro, muchas gracias por dejar tu comentario. Espero que te haya gustado mucho! Saludos!
Eliminar