[RESEÑA] Como agua para chocolate — Laura Esquivel 🍫

Por Santiago Torres

Reseña · Adulto / Realismo mágico

[RESEÑA] Como agua para chocolate — Laura Esquivel

Publicado: · Por Santiago Torres · Lectura de la reseña: ≈20 min

Trilogía de Como agua para chocolate · Libro I

Sin spoilers, salvo el final, que va bien tapado

Portada de Como agua para chocolate, de Laura Esquivel, edición conmemorativa de Suma de Letras

Hay libros que te piden paciencia, un lápiz y un árbol genealógico al lado. Como agua para chocolate te pide hambre. Abre con una receta, te pone a picar cebolla antes de presentarte a nadie, y cuando quieres darte cuenta ya estás en una cocina del norte de México viendo a una niña llorar antes de nacer.

Este libro lo leí hace mucho y me gustó, pero con los años se me quedó guardado en alguna repisa de la memoria. Fue la serie la que me hizo volver a esa cocina, y ahora ando con ganas de releerlo. Por eso entra al Jardín de Bookstrend por la puerta de atrás, la que da a los fogones. Es ameno, se lee con una facilidad casi sospechosa y debajo de tanto chile y tanta rosa guarda una pregunta bastante más dura: ¿qué hace una mujer cuando le quitan todas las palabras menos las de una receta? Aquí te cuento por qué se lleva 4 de 5 estrellitas.

La despensa

TítuloComo agua para chocolate
Título original(igual al título)
AutoraLaura Esquivel
SagaTrilogía de Como agua para chocolate · Libro I, seguido por El diario de Tita y Mi negro pasado
Publicación original1989, Editorial Planeta, México
Edición y formatoEdición conmemorativa de los 25 años · Suma de Letras, España, 2013 · Tapa blanda · 23 × 15 cm
EditorialSuma de Letras
ColecciónNovela
IdiomaEspañol
Traducción–
Ilustración–
ISBN978-84-8365-557-3
Páginas272
FormaNovela en doce entregas con recetas, amores y remedios caseros
PúblicoAdulto, aunque lo puede leer cualquiera desde la adolescencia
Género y subgénerosNovela romántica · Realismo mágico · Saga familiar
NarraciónUna descendiente de la familia cuenta la historia de Tita
AmbientaciónRancho de la frontera norte de México, durante la Revolución
PersonajesTita, Mamá Elena, Rosaura, Gertrudis, Pedro Muzquiz, Nacha, John Brown, Chencha
TemasTradición, deseo, maternidad, cocina como lenguaje, libertad femenina
TropesAmor prohibido, madre tirana, triángulo amoroso, comida con efectos, los muertos que vuelven
MoodCebolla en los ojos y rosas quemándose en el comal
Avisos de contenidoMaltrato familiar, violencia sexual, muertes, escenas sexuales
Lectura del libroUnas 6 a 7 horas

Lo que trae la olla

Un rancho de la frontera norte de México, en los años de la Revolución. Tita de la Garza, la menor de tres hermanas, tiene prohibido casarse: la tradición familiar la obliga a cuidar a su madre hasta el día en que muera. Cuando Pedro Muzquiz pide su mano, Mamá Elena le ofrece a Rosaura en su lugar, y Pedro acepta para quedarse cerca de Tita.

Sin permiso para decir lo que siente, Tita lo cocina. Y lo que ella cocina le pasa a todos los que se sientan a la mesa.

«La cebolla tiene que estar finamente picada.»

Laura Esquivel, Como agua para chocolate, «Enero»

El rancho de la frontera

Todo pasa en el rancho de los De la Garza, cerca de Piedras Negras, Coahuila, con Texas a un río de distancia. Afuera está la Revolución mexicana: tropas, saqueos, gente que cambia de bando. Pero la guerra entra a la novela como entra un vecino molesto, cuando se le antoja y casi siempre por la puerta de la cocina. El frente de verdad es la mesa, y ahí se pelea con cucharones.

La tradición

La hija menor no se casa. Cuida a la madre hasta que muera. Nadie sabe quién inventó esa regla, pero todos comen bajo ella.

La cocina

Es el único territorio de la casa donde Tita manda. La pusieron ahí para tenerla quieta, y terminó siendo su arsenal.

La frontera

Del otro lado del río hay un médico, otra lengua y otra idea de lo que una mujer puede hacer con su vida.

La magia

Lo que sientes al cocinar se queda en la comida. Eso es todo el sistema. No hay hechizos, no hay elegidas, no hay manual.

Ilustración de estilo popular: Tita sostiene una olla entre llamas en forma de corazón, frente a una mesa de frutas, flores y velas
Tita y sus milagros de cocina.

¿Milagro o martes? El realismo mágico en Como agua para chocolate

Eso último es el realismo mágico, y por si llegas nuevo al género, la definición cabe en una línea: lo imposible ocurre y nadie se asombra. La fantasía te explica las reglas de su magia; el realismo mágico te la sirve junto al arroz y sigue con la conversación. Mira cómo reacciona el rancho.

Un parto que inunda la cocina

Nacha barrió lo que dejaron las lágrimas de Tita recién nacida y llenó un costal de cinco kilos de sal. Eso. Barrió.

Un pastel de bodas con lágrimas

Los invitados lloran por amores perdidos y terminan enfermos. Nadie culpa a la tristeza; buscan al responsable en la cocina.

Unas codornices que encienden a la mesa

Cada comensal siente en el cuerpo un deseo que no pidió. La cena continúa, porque en esa casa lo escandaloso es levantarse de la mesa.

Una colcha que no termina nunca

Tita teje en cada noche que no puede dormir, y son muchas. La colcha crece hasta lo absurdo, y lo único que nadie discute es el frío de ella.

Aquí no hay castillos ni hechiceros. La magia sale de lo más de la casa: una cebolla, una olla, una pena mal guardada. Y me encanta lo que consigue con eso: agarra un trabajo que nadie miraba, el de las mujeres que cocinaban todos los días, y lo sube a la altura de un mito.

La Revolución mexicana, esa vecina que entra sin tocar

La Revolución no está de adorno. Yo la leo como un espejo de lo que pasa adentro: afuera se pelea contra un régimen viejo que no aguanta preguntas, y adentro Mamá Elena gobierna su rancho como un Porfirio Díaz con llavero, con sus reglas, sus castigos y nadie que le chiste.

Además, la guerra deja al rancho cada vez más encerrado. Pasan las tropas, faltan los hombres y las mujeres de la casa terminan defendiendo, administrando y sobreviviendo por su cuenta. Mientras Tita resiste desde la cocina, el caos de afuera le abre a otra de las hermanas una puerta que ninguna tradición le iba a abrir. Esa parte te la dejo para el libro.

Quién se sienta a la mesa

Ocho personajes y una colcha que crece con cada invitado.

0 de 8 hileras tejidas

El primer bocado

Voy a decirlo sin rodeos: la pasé muy bien. Han pasado años desde que la leí, y lo que se me quedó no fue tanto la trama como el olor. Bastó ver a Tita en la serie para que me volviera todo: una novela que se cuenta como una tía de la familia mientras te pone a desvenar chiles. Se distrae, vuelve, exagera, te suelta una tragedia sin dejar de mover las manos y te manda a batir huevos.

Cada capítulo es un mes y cada mes es una receta, así que la trama avanza entre ingredientes y la lectura se te va sin pedir permiso. Terminas una entrega, te dices que solo una más, y ya estás en otra temporada de lágrimas en el mole. Amena es la palabra, y no pienso usarla con vergüenza.

A esta novela le han dicho ligera como si fuera un insulto, y le han reprochado vender realismo mágico en porciones fáciles de digerir. Lo entiendo, y no me convence. Que un libro sepa contar sin hacerte sufrir por gusto también es oficio, y nadie debería pedir disculpas por disfrutarlo.

Ilustración de Tita cocinando entre rosas, chiles y velas
Tita y su mesa.

Doce entregas, doce platos

Un plato por mes, sin spoilers: solo la temperatura de la casa.

Enero · Tortas de Navidad

Cebolla, sardinas, chorizo y una familia que arranca llorando. Si aquí no te atrapa, no te atrapa más.

Febrero · Pastel Chabela

Un pastel de bodas hecho por quien menos debería hacerlo. Temperatura de la casa: nostalgia con náuseas.

Marzo · Codornices en pétalos de rosas

El capítulo que todo el mundo recuerda. Temperatura de la casa: mejor abrir una ventana.

Abril · Mole de guajolote con almendra y ajonjolí

Un plato que tarda días, como las cosas que de verdad importan en esa cocina.

Mayo · Chorizo norteño

Hacer chorizo en este rancho es un rito de ajos, chiles y brazos cansados. Afuera, el mundo no descansa.

Junio · Masa para hacer fósforos

La receta menos comestible del libro, y una de las más importantes. No se come, se enciende.

Julio · Caldo de colita de res

De esos caldos que se toman para volver de algún lado. Más no te digo.

Agosto · Champandongo

Un plato por capas para una casa que también funciona por capas.

Septiembre · Chocolate y Rosca de Reyes

El título hecho bebida. La taza llega caliente y la mesa, peor.

Octubre · Torrejas de nata

Lo dulce, en este libro, siempre llega con factura.

Noviembre · Frijoles gordos con chile a la Tezcucana

Unos frijoles que se niegan a cocerse. Hay que ser muy buena novela para volver eso suspenso.

Diciembre · Chiles en nogada

La mesa grande. Aquí me callo.

A punto de hervir: qué significa Como agua para chocolate

El título es una expresión mexicana. Allá el chocolate caliente se prepara con agua, no con leche, y el agua tiene que estar a punto de hervir para recibirlo. De ahí se le dice así a quien está a un segundo de estallar. Tita vive en ese punto: hirviendo de rabia por Mamá Elena, por esa tradición absurda y por la cobardía de Pedro, y hirviendo también de un deseo que no puede tocar. Una olla con la tapa amarrada, vaya. Aviva el fogón y te cuento qué significa para mí esta novela.

  1. Agua tibia. Una niña aprende que en esa casa no se contesta.
  2. Primeras burbujas. La tradición le quita el amor y le deja las ollas.
  3. Vapor. Lo que no puede decir empieza a salir por la comida.
  4. Hervor. La cocina, que era su encierro, se vuelve su arma.
  5. Como agua para chocolate. Una revolución afuera y otra dentro, y solo una de las dos entra en los libros de historia.

«Tita literalmente estaba “como agua para chocolate”.»

Laura Esquivel, Como agua para chocolate

Por eso me parece que la novela pesa más de lo que aparenta. Durante mucho tiempo la cocina fue el lugar al que mandaban a las mujeres para sacarlas de la conversación, y Esquivel agarra justo ese cuarto y lo convierte en centro del mundo. Mientras los hombres de afuera se matan por el país, en la cocina se decide quién llora, quién desea y quién se va. Lo que Nacha le enseñó a Tita nunca tuvo título ni firma, y aquí por fin quedó escrito.

También es una novela sobre lo que le hacemos a las hijas en nombre de la familia. La tradición de Mamá Elena no tiene más argumento que su propia antigüedad, y la pelea de Tita es la de cualquiera que alguna vez escuchó «así se ha hecho siempre» y sintió un nudo en la garganta. Treinta y siete años después, esa frase se sigue escuchando.

La cocina en Como agua para chocolate: donde manda Tita

Si me preguntas por el corazón del libro, te digo que está en los fogones. La comida es por donde se cuela toda la magia, y Esquivel la usa para cinco cosas que me encantan.

Lo que sientes, se lo comen

Tita llora y la boda entera se enferma de nostalgia. Tita desea y a Gertrudis le arde el cuerpo. En esa mesa nadie se salva de lo que ella siente: se sirve caliente.

El único idioma permitido

A Tita le quitaron el derecho a contestar. Entonces dice amor, rabia y rebeldía con sal, chile y rosas, sin abrir la boca.

Del encierro al trono

Afuera manda Mamá Elena. Adentro de la cocina, Tita. El lugar donde la guardaron para tenerla quieta termina siendo donde puede cambiarle el día, y hasta el cuerpo, a cualquiera.

Una herencia sin apellido

Nacha le enseña lo que ninguna escuela le iba a enseñar. Las recetas pasan de mujer a mujer, por las manos y el olfato, lejos de la frialdad de Mamá Elena.

Comer también es desear

Cocinar, oler, probar. Esquivel lo escribe con tanto cuerpo que se ríe del puritanismo de la época. Hay escenas de comida más atrevidas que muchas de cama.

Por eso el formato de recetario me parece tan bueno: te dice que lo que haces todos los días también puede cambiarlo todo. Con fuego y comida, Tita resiste, sobrevive y se inventa a sí misma.

La magia cobra

Lo que más me gusta de este realismo mágico es su factura. Aquí la magia enferma, quema, desordena y deja a la gente doblada sobre un plato. Si el dolor de Tita cae en el pastel, los invitados lo pagan con el estómago. Macondo tiene sus mariposas amarillas; este rancho tiene una boda entera corriendo al patio. Y como el mundo es tan chiquito, un rancho, una cocina y unas pocas personas, cada prodigio golpea de cerca.

Retrato ilustrado de Tita de perfil, con blusa blanca bordada y delantal
Ilustración de @draw.yle.

La gente de la casa

Tita sostiene el libro porque su rebeldía crece despacio. Empieza obedeciendo, y durante buena parte de la novela te desespera, y justamente por eso cuenta cuando por fin levanta la voz. El reparto femenino es lo mejor de todo: Mamá Elena como villana con más capas que un champandongo, Gertrudis como bocanada de aire y Nacha como esa presencia que nunca sale del todo de la cocina.

«Para ella reír era una manera de llorar.»

Laura Esquivel, Como agua para chocolate
Ilustración de Tita enmarcada en dos espejos, con pétalos de rosa cayendo sobre una sartén
Ilustración de @jimena_es.

La pluma

Se nota que Esquivel venía del guion: sus escenas se ven. Escribe en frases claras, con humor seco, y pasa de la receta al melodrama en una misma línea sin avisarte. Y ese «hay que» de los recetarios me encantó: sientes que te están enseñando a sobrevivir en esa casa.

Pedro Muzquiz: lo que se quedó crudo

La estrellita que falta se la debo a Pedro Muzquiz, y sé que no estoy solo. El libro lo vende como el gran amor de Tita, y yo terminé con ganas de sacarlo del rancho a cucharonazos.

Empieza por su cobardía. Podía pelear por Tita, enfrentar a Mamá Elena o huir con ella, y elige lo peor de todo: casarse con Rosaura «para estar cerca». Con esa decisión condena a tres personas a una vida de amargura y engaños, y encima se lo cuenta a sí mismo como un sacrificio.

Después viene el egoísmo. Quiere lo bueno del amor de Tita sin arriesgar nada: la presiona, no respeta sus límites, se hace la víctima y la deja viviendo ese romance en la sombra. Y cuando aparece John Brown saca su peor cara: casado y sin nada real que ofrecerle, se pone celoso y posesivo porque ella podría ser feliz con otro.

Ahí está el problema de ponerlos en el mismo libro. El doctor pregunta, espera y la trata con dignidad, y a su lado Pedro se ve todavía más chico. Yo, por lo menos, estaba del lado de John.

Entiendo lo que buscaba Esquivel: Pedro es la pasión irracional, el fuego que no pide permiso. Pero hoy lo leo como un hombre débil y manipulador que le arruinó la vida a dos hermanas por no atreverse a tomar una sola decisión valiente.

También hay tramos del último tercio donde el melodrama se sube a la mesa y ya no se baja. Son pocos, y con esta voz se perdonan, pero se notan.

Ilustración de Tita y Pedro en siluetas dentro de un corazón, con rosas y llamas al pie
Tita, Pedro y un corazón a punto de arder.

Spoilers del final de la novela. Solo si ya la leíste.

Los prodigios grandes los guardé para acá. Después de las codornices, a Gertrudis el cuerpo le arde tanto que incendia la ducha de madera donde intenta refrescarse, y el olor a rosas atrae a un capitán revolucionario que se la lleva desnuda a caballo. Años después vuelve convertida en generala.

Mamá Elena, en cambio, ni muerta suelta el mando: su fantasma vuelve a atormentar a Tita justo cuando ella cree estar embarazada. Y antes, sin haber tenido un hijo, Tita amamanta a su sobrino. A Mamá Elena y a Nacha les hice un lugar en Los muertos no se van, por si te quedaste con ganas de fantasmas.

El final me deja dividido. La imagen de Tita comiéndose los cerillos para seguir a Pedro, y el rancho entero ardiendo con ese fuego, es de lo más hermoso que tiene el libro, y aun así me duele que una mujer que peleó tanto por su vida la termine entregando por él. Me reconcilia lo que sobrevive: un recetario salvado de las cenizas y una descendiente cocinando esas recetas.

Tu caja de cerillos

John le explica a Tita la teoría de su abuela: cada persona carga cerillos por dentro y necesita descubrir qué los enciende. ¿Cuáles son los tuyos?

«…todos nacemos con una caja de cerillos en nuestro interior…»

Laura Esquivel, Como agua para chocolate

El que te devuelve a una cocina que ya no existe.

La que no pones cuando hay gente en casa.

La que entra y ya te cambia la temperatura.

Ese al que vuelves aunque ya no quede nadie.

La que llevas años sin atreverte a decir.

La mano detrás del fogón

Laura Beatriz Esquivel Valdés nació en Ciudad de México el 30 de septiembre de 1950. Fue maestra y guionista antes que novelista: en 1985 firmó el guion de Chido One, el tacos de oro, nominado al Ariel. Y se nota: este debut se ve como una película.

Como agua para chocolate fue su primera novela, y ella misma ha contado que le debe mucho a su infancia, a una familia de buenas cocineras. Le dio fama internacional y un premio ABBY en 1994. Después escribió La ley del amor, Malinche y A Lupita le gustaba planchar, y entre 2015 y 2018 fue diputada federal. A mí me gusta que cuenta la historia desde adentro de la casa.

  • Portada de La ley del amor
    La ley del amor
  • Portada de Malinche
    Malinche
  • Portada de A Lupita le gustaba planchar
    A Lupita le gustaba planchar

Para repetir plato

La trilogía

Más de veinticinco años después, Esquivel continuó la historia con El diario de Tita (2016) y Mi negro pasado (2017). La novela original se sostiene sola.

  • Portada de El diario de Tita
    El diario de Tita
  • Portada de Mi negro pasado
    Mi negro pasado

Del fogón a la pantalla: la película y la serie

Dos adaptaciones, dos cocinas. La serie fue la que me devolvió a este rancho, y de ahí salieron las ganas de releer el libro.

Póster de la película Como agua para chocolate

La película

1992 · Alfonso Arau · 1 h 45 min

Con Lumi Cavazos como Tita, Marco Leonardi como Pedro y Regina Torné como Mamá Elena. El guion es de la propia Esquivel, y se llevó diez premios Ariel.

Tráiler de la película
Póster de la serie Como agua para chocolate, de HBO

La serie

2024–2026 · HBO · 2 temporadas, 12 capítulos

Producida por Salma Hayek, con Azul Guaita como Tita, Irene Azuela como Mamá Elena y Andrés Baida como Pedro. Ya terminó, así que puedes verla completa de corrido.

Tráiler de la serie

Dónde verlas cambia según el país. En España, la película está en Amazon Video; en EE. UU., en Paramount+ y MGM+.

Libros parecidos a Como agua para chocolate

Si te quedaste con hambre, te dejo cuatro caminos: tres de este lado del realismo mágico y uno que viene de Francia con el mismo antojo.

La casa de los espíritus

Isabel Allende

Varias generaciones de los Trueba y mujeres que ven lo que otros no. Igual que aquí, los secretos de familia y el amor le pelean a un patriarca en plena agitación política.

Aura

Carlos Fuentes

Cortita y gótica. Un joven historiador entra a trabajar a una casa en penumbra, con una anciana y su sobrina. Brujería, deseo y una atmósfera que se te pega.

Pedro Páramo

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Un hijo llega a Comala buscando a su padre y encuentra puros murmullos. Es el lado más oscuro del género, con mucha culpa y mucha muerte.

Chocolat

Joanne Harris

Se va a Francia y no es del boom, pero comparte el antojo: una mujer transforma a un pueblo conservador a punta de chocolate y se gana de enemigo al cura.

La sobremesa

Como agua para chocolate es de esos libros que parecen fáciles porque están muy bien cocinados. Es amena, es sabrosa, se disfruta de la primera cebolla a la última página y te deja pensando en cuánta historia se quedó fuera de los libros por ocurrir en una cocina. Le sobra un poco de melodrama y le falta un mejor Pedro, y aun así me levanté de esta mesa contento y con ganas de volver a sentarme. Esta relectura me la debo.

4 de 5 estrellitas

Para quién sí

Quien quiera entrar al realismo mágico sin miedo, quien lea con hambre, y quien disfrute las sagas familiares con mujeres al centro.

Para quién puede no encajar

Quien no soporte el melodrama, quien espere una magia con reglas, o quien no pueda pasar por alto un romance con un hombre que merece menos.

Antes de levantar la mesa

Gracias por quedarte hasta el café. Te dejo una pregunta: si pudieras cocinar una sola emoción para que todos en tu mesa la sintieran, ¿cuál sería, y a quién se la servirías primero?

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Tita en la película Como agua para chocolate

Nos leemos la próxima.

Créditos

  • Citas: Como agua para chocolate, de Laura Esquivel.
  • Portada: Suma de Letras.
  • Portadas de La ley del amor, Malinche, A Lupita le gustaba planchar, El diario de Tita y Mi negro pasado: sus editoriales.
  • Retrato de Tita: @draw.yle.
  • Tita en los espejos: @jimena_es.
  • Tita y sus milagros: pendiente.
  • Tita y su mesa: pendiente.
  • Tita, Pedro y el corazón: pendiente.
  • Retratos de los personajes: ilustraciones hechas con IA para esta entrada.
  • Póster de la película: Como agua para chocolate (1992), derechos de sus titulares.
  • Póster de la serie: HBO.
  • GIF de despedida: película Como agua para chocolate (1992).