Lista · Realismo mágico / Día de Muertos
[LISTA] Los muertos no se van: 12 fantasmas del realismo mágico
Pon la ofrenda, enciende la vela… y guárdales la silla.

En Latinoamérica los muertos no se van del todo. Les ponemos ofrenda, les guardamos la silla en la mesa y les seguimos hablando como si nada. Hoy, 2 de noviembre, las casas se llenan de cempasúchil para que encuentren el camino de vuelta… y nuestra literatura lleva décadas haciendo exactamente lo mismo.
Si en octubre los fantasmas venían a asustarte, los de esta lista vienen de visita. No arrastran cadenas ni golpean puertas a medianoche: se sientan en el patio, extrañan a los vivos y, a veces, hasta envejecen. Son doce muertos (o casi) del realismo mágico y sus alrededores que se negaron a irse, y aquí les armamos la ofrenda que se merecen.
Antes de seguir, el crédito a quien corresponde: el Día de Muertos es una tradición mexicana, de raíz indígena, que la UNESCO reconoce como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. Todo lo que ves en esta entrada viene de ahí: el papel picado, el cempasúchil, la ofrenda por niveles y las calaveritas que encontrarás más abajo. Gracias, México, por prestarnos a tus muertos.
[MUERTOS QUE NO ASUSTAN]
¿Por qué un fantasma de García Márquez no da miedo? Porque en el realismo mágico lo extraordinario se cuenta con la misma voz tranquila que lo cotidiano. En una novela gótica, el fantasma rompe el orden del mundo; aquí, el fantasma es parte del orden del mundo. Es un vecino más, con sus manías, sus rencores y sus nostalgias.
Y eso es muy nuestro: venimos de culturas que nunca separaron del todo a los vivos de los muertos. Por eso esta lista es un puente. Cierra la temporada de miedo que armamos en el Carnaval de Ánimas y abre la reja del Jardín de Bookstrend, el especial de noviembre.
[LA OFRENDA]
Una ofrenda va del cielo a la tierra, y esta también: arriba, los que fundaron y avisaron; abajo, los que la tierra y el olvido se quisieron tragar.
Pétalos en el camino: 0/12Velas encendidas: 0/12
Nivel del cielo
Los que fundaron, escribieron y avisaron

Cien años de soledad · Gabriel García Márquez · 1967
Prudencio Aguilar
El fantasma que fundó un pueblo
Después de perder una pelea de gallos y burlarse de José Arcadio Buendía, Prudencio terminó con una lanza atravesada en la garganta. Pero no se fue: empezó a aparecerse en la casa, pálido y triste, lavándose la herida con un tapón de esparto. Tanto pesaba su presencia que los Buendía cruzaron la sierra para no verlo más… y en ese viaje fundaron Macondo.
Por qué no se va
Porque la muerte también es solitaria. Años después, ya viejo (sí: los muertos de Gabo envejecen), Prudencio recorre el más allá buscando a su asesino solo para tener con quién conversar. El odio se le pasó; la nostalgia, no.
En su ofrenda: un tapón de esparto y una jícara de agua fresca.

Cien años de soledad · Gabriel García Márquez · 1967
Melquíades
El que volvió porque se aburría de estar muerto
El gitano que llevó los imanes y la lupa a Macondo murió en tierras lejanas… y un buen día volvió, porque no soportó la soledad de la muerte. Cuando por fin se murió de verdad, siguió ahí: en su cuarto, inclinado sobre sus pergaminos, en ese rincón de la casa donde el tiempo se niega a pasar.
Por qué no se va
Porque tiene una tarea pendiente: sus pergaminos guardan la historia de la familia y alguien tiene que leerlos. Generación tras generación, algún Buendía se encierra en ese cuarto y lo encuentra ahí, esperando.
En su ofrenda: pergaminos, tinta y un cuarto donde el tiempo no pase.

Cien años de soledad · Gabriel García Márquez · 1967
Amaranta
La cartera del más allá
Amaranta no es un fantasma: es algo todavía más raro. La Muerte se le aparece como una mujer vestida de azul y le encarga tejer su propia mortaja: morirá el día que la termine. Ella obedece, hace sus cálculos y propone algo que solo puede pasar en Macondo: llevarles cartas a los muertos. Y el pueblo entero hace fila para entregárselas.
Por qué no se va
En rigor, sí se va… pero se lleva una caja llena de mensajes. En Macondo la frontera entre vivos y muertos es tan delgada que se cruza con correspondencia, y Amaranta es el puente más bonito de toda la novela.
En su ofrenda: un sobre sin remitente. Más abajo, en su correo, puedes escribir el tuyo.
Nivel de la casa
Los que se quedaron puertas adentro

Retrato cubierto de pétalos
Aquí se habla del final de la novela. Apártalos solo si ya la leíste.
La casa de los espíritus · Isabel Allende · 1982 Spoiler
Clara del Valle
La clarividente que nunca se mudó
Desde niña, Clara movía objetos con la mente, conversaba con los espíritus y anotaba la vida en sus cuadernos. Cuando muere, la gran casa de la esquina se apaga… pero ella no se va. Sigue rondando los pasillos y acompañando a los suyos, sobre todo a Esteban Trueba, el hombre más difícil de querer de toda la novela.
Por qué no se va
Porque el amor de Clara nunca necesitó cuerpo. Se queda junto a Esteban hasta su último día, y es ella quien llega a buscarlo cuando le toca partir. Por eso una novela tan llena de violencia puede cerrar en paz.
En su ofrenda: sus cuadernos de anotar la vida y la mesa de tres patas de sus sesiones de espiritismo.

La amortajada · María Luisa Bombal · 1938
Ana María
La muerta que narra su propio velorio
Ana María está tendida en su ataúd y, aunque nadie lo note, todavía mira. Ve llegar uno a uno a quienes vienen a despedirla: el hombre que la amó, el hombre que ella amó, sus hijos, su hermana. Y desde ahí repasa su vida con una lucidez que nunca tuvo mientras estaba viva.
Por qué no se va
Porque no puede irse sin entender. Bombal, chilena y adelantada a su tiempo (muchos ven en esta novela un antecedente directo de Pedro Páramo), le regala a su muerta lo que la vida le negó: tiempo para mirar su historia de frente antes de bajar a la tierra.
En su ofrenda: un espejo, para que se mire por última vez con sus propios ojos.

Como agua para chocolate · Laura Esquivel · 1989
Mamá Elena y Nacha
Dos muertas en la misma cocina
Mamá Elena le prohibió a Tita casarse y le amargó la vida entera. Muerta, no cambia de opinión: vuelve como fantasma a seguir juzgándola, a echarle en cara sus reproches desde la oscuridad. En la misma casa queda la otra muerta, Nacha, la cocinera que crió a Tita. Esa no regaña: se queda en cada receta.
Por qué no se van
Porque los fantasmas cargan lo mismo que cargaban en vida: una no puede dejar de mandar y la otra no puede dejar de cuidar. El día que Tita por fin le planta cara a su madre, el fantasma se encoge hasta volverse una lucecita… aunque no se rinde del todo.
En su ofrenda: dos velas, bien separadas. Y codornices en pétalos de rosa, porque en esta novela la comida también es magia.

Retrato cubierto de pétalos
Aquí se revela el giro de la novela. Apártalos solo si ya la leíste.
Aura · Carlos Fuentes · 1962 Spoiler
Consuelo y Aura
La juventud que se niega a morir
Felipe Montero, un joven historiador, acepta un empleo extraño: vivir en una casa sombría del centro de la Ciudad de México y poner en orden las memorias de un general muerto. Ahí lo esperan la viuda, Consuelo, una anciana que vive entre recuerdos, y su sobrina Aura, de ojos verdes, que aparece siempre que la vieja la llama. Ojo: la novela está contada en segunda persona, así que el que entra a esa casa eres tú.
Por qué no se va
Porque Aura no es la sobrina: es la joven que Consuelo fue, invocada por la anciana para no soltar ni su juventud ni a su marido muerto. Y Felipe… bueno, Felipe se parece demasiado al general. Es el fantasma más inquietante de la lista: el que se queda a pura fuerza de voluntad.
En su ofrenda: un vestido verde y hierbas del patio, donde Consuelo cultiva las plantas de sus brebajes.

Casa tomada (en Bestiario) · Julio Cortázar · 1951
Lo que habita Casa tomada
El invitado del fantástico
Dos hermanos viven solos en la casona familiar, entre tejidos y libros, hasta que algo empieza a tomar la casa. Nunca lo vemos. Solo lo oímos: un ruido sordo al fondo del pasillo. Y ellos, en vez de enfrentarlo, cierran puertas y le van cediendo la casa cuarto por cuarto.
Por qué no se va
Porque nunca sabemos qué es, y ahí está la gracia. ¿Los muertos de la familia? ¿El pasado? ¿Algo político? Cortázar no es realismo mágico (es fantástico puro), pero se gana su invitación: es el muerto, o lo que sea, que se queda con la casa entera.
En su ofrenda: la llave de la puerta, esa que los hermanos tiran a la alcantarilla al salir.

Los ingrávidos · Valeria Luiselli · 2011
Gilberto Owen
El fantasma que viaja en metro
Una joven mexicana trabaja en una pequeña editorial de Nueva York y se obsesiona con Gilberto Owen, un poeta mexicano que vivió en esa ciudad en los años veinte. Tanto, que empieza a verlo en las ventanas del metro. Años después, ya madre en la Ciudad de México, escribe una novela sobre esa época… y su propia casa se le empieza a llenar de fantasmas.
Por qué no se va
Porque los fantasmas de Luiselli no usan sábana: son las personas que fuimos y las que dejamos de ser. Owen la busca desde su propio tiempo, y ella se va volviendo ingrávida, medio aquí y medio en otra parte. Es la voz más joven de la lista y la prueba de que el fantasma mexicano sigue vivito y coleando.
En su ofrenda: un boleto de metro sin usar y un libro de poemas de Owen.
Nivel de la tierra
Los que la tierra y el olvido se quisieron tragar

Retrato cubierto de pétalos
Aquí se revela qué le pasa a Juan Preciado. Apártalos solo si ya leíste la novela.
Pedro Páramo · Juan Rulfo · 1955 Spoiler
Comala
Un pueblo entero hecho de murmullos
Juan Preciado llega a Comala a buscar a su padre, un tal Pedro Páramo, porque se lo prometió a su madre antes de que muriera. Encuentra un pueblo caliente, vacío y lleno de voces: gente que le habla, que le da alojamiento, que le cuenta historias… y que, poco a poco, descubrimos que no está viva.
Por qué no se van
Porque en Comala nadie descansa: las almas penan por lo que hicieron y por lo que les hicieron, casi siempre por culpa de Pedro Páramo. Y el propio Juan termina siendo uno más de esos murmullos, contando la historia desde la tumba que comparte con Dorotea.
En su ofrenda: silencio. Es lo único que a Comala le falta.

Retrato cubierto de pétalos
Aquí se habla del final de la novela. Apártalos solo si ya la leíste.
Los recuerdos del porvenir · Elena Garro · 1963 Spoiler
Ixtepec
El pueblo que no olvida a sus muertos
En esta novela no habla una persona: habla Ixtepec, un pueblo del sur de México que recuerda los años de la guerra cristera, cuando el general Francisco Rosas se adueñó de sus calles. El pueblo se acuerda de todo: de sus fusilados, de sus amores imposibles y hasta de la noche en que el tiempo se detuvo.
Por qué no se va
Porque recordar es su manera de no morirse. Ixtepec guarda a sus muertos como quien guarda piedras, y una de ellas es Isabel Moncada, que al final queda convertida en piedra, esperando que alguien la recuerde. Garro, una de las grandes voces del siglo XX mexicano, hizo del recuerdo un fantasma.
En su ofrenda: una piedra lisa y un reloj detenido.

Cien años de soledad · Gabriel García Márquez · 1967
Los tres mil de la estación
Los muertos que nadie quiso recordar
Durante la huelga de la compañía bananera, el ejército dispara contra la multitud reunida en la plaza de la estación. José Arcadio Segundo despierta en un tren interminable, cargado de cadáveres rumbo al mar. Cuando vuelve a Macondo, nadie le cree: según todos, ahí no murió nadie.
Por qué no se van
Porque no se puede descansar si nadie admite que exististe. Es el fantasma más político y más latinoamericano de la lista: la memoria borrada. García Márquez se inspiró en la masacre de las bananeras de 1928 en Colombia, y su novela se encargó de que nadie pudiera olvidarla del todo.
En su ofrenda: sus nombres. Recordarlos es la única forma de dejarlos ir.
La ofrenda está completa
Encendiste las doce velas. Esta noche, todos encuentran el camino de vuelta.
[CALAVERITAS PARA LOS QUE SE QUEDAN]
Las calaveritas literarias son una tradición mexicana: versos burlones que se escriben para el Día de Muertos, donde la Catrina viene a buscar a alguien (normalmente a alguien vivo, para que duela más). Nuestros fantasmas ya están muertos, pero igual se merecen la suya. Elige a uno y la Catrina le escribe su calaverita.
Elige un fantasma y la Catrina saca su pluma.
Calaverita para Prudencio Aguilar
La Catrina fue a Macondo
buscando a Prudencio Aguilar,
y él, con su esparto en la mano,
le dijo: «Siéntese a cenar».
Calaverita para Melquíades
Llegó la Flaca al cuartito
donde el tiempo no camina;
Melquíades ni la miró:
«Vuelva el lunes, Catrina».
Calaverita para Amaranta
Amaranta fue al panteón
con su mortaja planchada
y una caja llena de cartas
que el pueblo dejó encargada.
Calaverita para Clara del Valle
La Muerte tocó tres veces
en la casa de la esquina;
Clara, que todo lo sabe,
le abrió antes: «Pasa, Catrina».
Calaverita para Ana María
En su velorio, Ana María
pasaba lista a la gente:
«Este vino, este lloró,
y este se hizo el ausente».
Calaverita para Mamá Elena y Nacha
Mamá Elena, ya difunta,
seguía dando sermones,
hasta que llegó la Nacha
con codornices a montones.
Calaverita para Consuelo y Aura
A la casa de Consuelo
la Catrina entró a buscarla,
pero salió una muchacha
y no supo a cuál llevarla.
Calaverita para Casa tomada
La Catrina tomó la casa
cuarto por cuarto, al revés,
y los hermanos, muy corteses,
tiraron la llave después.
Calaverita para Gilberto Owen
En el metro de Nueva York
iba Owen de pasajero,
y la Catrina, sin boleto,
se coló en el vagón primero.
Calaverita para Comala
La Catrina llegó a Comala
con ganas de trabajar,
pero allí todos ya estaban
muertos de tanto murmurar.
Calaverita para Ixtepec
Pasó la Muerte por Ixtepec
y el pueblo, que nada olvida,
le recitó a todos sus muertos
con nombre, fecha y despedida.
Calaverita para Los tres mil
Tres mil se llevó la Muerte
y en Macondo nadie vio;
la Catrina, más honesta,
uno por uno los contó.
[EL CORREO DE AMARANTA]
Amaranta se fue con una caja llena de cartas para los muertos. Antes de que cierre la tapa, ¿a quién le escribirías tú? Elige un muerto literario (de esta lista o de cualquier libro que te haya roto el corazón) y déjale unas líneas.
La caja de Amaranta · 0 cartas
Todavía no hay cartas. La tuya puede ser la primera.
Toca un sobre para leerlo. Las cartas se guardan solo en este navegador.
[LA LLUVIA DE FLORES AMARILLAS]
Cuando muere José Arcadio Buendía, el patriarca que pasó sus últimos años amarrado al castaño del patio, sobre Macondo cae durante toda la noche una lluvia de florecitas amarillas. Al amanecer, los techos, las puertas y las calles están cubiertos, y hay que abrir paso con palas y rastrillos para que pueda salir el entierro.
Ese es nuestro puente. El cempasúchil guía a los muertos de vuelta a casa; las flores amarillas de Macondo nos llevan a otra parte: al jardín.
La reja del jardín está abierta. Primera parada: Cien años de soledad.
Entrar al Jardín de Bookstrend[ANTES DE APAGAR LAS VELAS]
¿A quién le pondrías ofrenda tú? ¿A qué personaje muerto le guardarías la silla en la mesa? Y la pregunta difícil: ¿qué fantasma del realismo mágico me faltó en esta lista? Te leo en los comentarios.

Nos leemos la próxima.Santiago Torres
Créditos
Texto, concepto y diseño: Santiago Torres · Bookstrend.
Ilustraciones en código: papel picado, marcos de hojalata, cempasúchil, velas, repisas y la luz de cempasúchil dibujados para esta entrada.
Imágenes de los retratos:
- Prudencio Aguilar · «Las visitas de Prudencio Aguilar», ilustración de @andres.m.felfle
- Melquíades · ilustración de Carolina Zambrano Enríquez (magiareal)
- Amaranta · autoría sin confirmar, vía Pinterest
- Clara del Valle · «Clara Clarividente», ilustración de Paula Martínez
- Ana María · autoría sin confirmar, vía el blog de D. del Pozo
- Mamá Elena y Nacha · portada antigua de Como agua para chocolate, Ediciones ASA
- Consuelo y Aura · autoría sin confirmar, vía Koratai
- Casa tomada · ilustración de Angelina Ciarlitini (Mi Sublimar)
- Gilberto Owen · retrato fotográfico, vía Wikipedia / Wikimedia Commons
- Comala · ilustración de @dul.macedo
- Ixtepec · Mujer de Tehuantepec (1944), Museo de San Antonio · foto de Armando Armenta para La Razón
- Los tres mil de la estación · «Eran más de tres mil…», de la serie Cien años de soledad VIII de @cristian_uy
GIF de despedida: Coco (Disney · Pixar, 2017).
Calaveritas literarias: versos originales escritos para esta entrada.
Tipografías: Yeseva One, Alegreya y Caveat (Google Fonts).
Obras mencionadas: Cien años de soledad (García Márquez), La casa de los espíritus (Allende), La amortajada (Bombal), Como agua para chocolate (Esquivel), Aura (Fuentes), Casa tomada (Cortázar), Los ingrávidos (Luiselli), Pedro Páramo (Rulfo) y Los recuerdos del porvenir (Garro).

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