Reseña · Clásico ilustrado / Fábula filosófica
[Reseña] El Principito — 🌹
Biblioteca Saint-Exupéry · Edición ilustrada y animada por MinaLima
Ilustrada y animada por MinaLima
Sinopsis de la edición
Un aviador se estrella en pleno desierto del Sahara y allí se encuentra con un niño llegado de otro planeta que le pide, sin más preámbulo, que le dibuje un cordero. De esa amistad improbable nace uno de los libros más leídos y traducidos de la historia. Esta edición recoge el texto íntegro de Saint-Exupéry con las ilustraciones y animaciones de MinaLima e incluye ocho elementos interactivos: seguir el viaje del principito de planeta en planeta, ayudar a la rosa a florecer, contar puestas de sol, conversar con el zorro y cruzar el desierto.
Esta reseña la escribí por primera vez en diciembre de 2016, cuando todavía era estudiante de Castellano y Literatura y acababa de releer el libro para una clase de Filosofía. Diez años después la vuelvo a escribir entera. No para corregirme: para decir mejor lo mismo.
Hay libros que uno no reseña, chicos: los confiesa. El principito es de esos. Es probable que ya lo hayas leído, que te lo hayan regalado dos veces, que tengas una frase suya en una taza, en un tatuaje o en el estado de alguien. Y aun así, apuesto lo que quieras a que si lo abres esta noche vas a encontrar algo que la vez pasada no estaba. No porque el libro cambie. Porque cambiaste tú.
Así que esta entrada no viene a explicarte el libro. Viene a caminarlo contigo: el dibujo del principio, los siete planetas, la rosa, el zorro, el hombre que lo escribió y la noche del final. Toca lo que quieras. Al terminar tendrás tu propia estrella, y te aseguro que esa no te la puede dar ningún resumen.
La ficha de mi edición
- Título
- El Principito (edición ilustrada y animada por MinaLima)
- Título original
- Le Petit Prince
- Autor
- Antoine de Saint-Exupéry
- Traducción
- Bonifacio del Carril
- Ilustración y animación
- MinaLima
- Editorial
- Salamandra Infantil y Juvenil
- Colección
- Biblioteca Saint-Exupéry
- Páginas
- 192
- Encuadernación
- Tapa dura
- Medidas
- 24,5 × 16,5 × 4 cm · 822 g
- ISBN
- 978-84-19868-72-5
- Publicación
- Abril de 2026
- Elementos interactivos
- Ocho sorpresas desplegables
- Género
- Novela
- Subgéneros
- Fábula filosófica, literatura infantil, libro ilustrado
- Primera edición
- 6 de abril de 1943, Nueva York (Reynal & Hitchcock)
- Idioma original
- Francés
- Ilustraciones originales
- Acuarelas del propio Saint-Exupéry
- Narración
- Primera persona: un aviador que recuerda
- Ambientación
- El desierto del Sahara, el asteroide B 612 y siete planetas
- Personajes
- El principito, el aviador, la rosa, el zorro, la serpiente
- Temas
- La amistad, el duelo, el amor como responsabilidad, la mirada adulta
- Tropes
- Viaje iniciáticoEncuentro en el desiertoFábula de planetasNarrador que recuerda
- Mood
- Luminoso y triste al mismo tiempo
- Tiempo de lectura
- Una tarde. Dos, si te detienes.
- Edad recomendada
- La editorial dice 10+. Yo digo de 8 a 108.
La edición que tengo
Porque esta vez el objeto también es parte de la reseña.
Antes de entrar en el libro quiero hablar del libro. La edición que tengo en las manos es la que ilustró y animó MinaLima, publicada por Salamandra en su Biblioteca Saint-Exupéry. Y si alguna vez viste una entrada mía babeando por una edición, prepárate, porque esta se lleva el premio.
MinaLima es el estudio de Miraphora Mina y Eduardo Lima, los diseñadores gráficos detrás del universo visual de las películas de Harry Potter y Animales fantásticos: suyos son El Profeta, el Mapa del Merodeador, las etiquetas de Sortilegios Weasley. Llevan años haciendo ediciones ilustradas de clásicos con esa misma obsesión por el papel, la tipografía y el troquel, y este Principito es de los más bonitos que les he visto.
Son 192 páginas en tapa dura, casi ochocientos gramos de libro, con el texto completo y ocho elementos interactivos repartidos por dentro: se sigue el viaje entre planetas, se ayuda a la rosa a florecer, se cuentan puestas de sol, se conversa con el zorro y se cruza el desierto. No son adornos pegados encima: cada uno cae justo donde el capítulo lo pide.
Y ya que confesamos cosas: esa fue la chispa de esta entrada. Quise que la reseña se leyera como se lee ese libro, con cosas que se abren, se giran y se encienden al tocarlas. Así que lo que vas a encontrar más abajo es, básicamente, mi intento de hacer una versión web de esas ocho sorpresas. Si tienes la edición, vas a reconocer de dónde salió cada una.
Dicho esto, y para que nadie se me quede fuera: no necesitas esta edición para leer el libro. La de bolsillo de toda la vida trae la misma historia y las acuarelas del propio Saint-Exupéry, que MinaLima no reemplaza sino que releva con su propio lenguaje gráfico. Si puedes, ten las dos. Si no, ten cualquiera. Pero ten una. Y si te gustan las ediciones bonitas, en la Biblioteca de clásicos hay unas cuantas más.
El dibujo número uno
Antes de empezar, una prueba rápida.
El libro no arranca con el principito. Arranca con un niño que dibuja algo y se lo enseña a los adultos. Todos ven lo mismo, y todos se equivocan. Antes de seguir leyendo, dime tú:
Ese chiste de dos páginas es, en realidad, la tesis entera del libro. Saint-Exupéry no dice que los adultos sean tontos: dice que aprendimos a ver rápido, y que ver rápido es una forma elegante de no ver. Todo lo que viene después —los planetas, la rosa, el zorro— es ese mismo dibujo repetido con otras formas. Si te quedaste con el sombrero, tranquilo: yo también, la primera vez.
Dibújame un cordero
Lo primero que le pide. Y ninguno le sirve, hasta que le dibuja una caja.
El aviador prueba tres corderos y el niño rechaza los tres: uno está enfermo, otro es un carnero, el tercero está viejo. Perdida la paciencia, garabatea una caja y le dice que el cordero está adentro. Y el principito, por fin, se ilumina. Elige tu caja y quédate con el cordero que le veas dentro; te acompañará hasta el final de la entrada.
La historia
Contada a mi manera, y sin spoilers.
Un aviador se estrella en pleno desierto del Sahara. Está solo, tiene agua para ocho días y un motor roto que no sabe si podrá arreglar. Al amanecer lo despierta una voz diminuta que le pide, sin más preámbulo, que le dibuje un cordero.
El que habla es un niño llegado de un asteroide tan pequeño que para ver un atardecer solo hay que mover la silla. Durante ocho días, mientras el aviador pelea con su motor y con la sed, el principito le va contando de dónde viene: de una flor que lo hizo feliz y lo hizo sufrir, de seis planetas con seis adultos ocupadísimos en nada, de un zorro que le enseñó una palabra rara, de una serpiente que asegura resolver todos los enigmas.
Eso es todo. Un hombre a punto de morir de sed escuchando a un niño hablar de una flor. Suena a cuento y no lo es: es un libro sobre lo que uno hace responsable suyo, y sobre lo que duele exactamente por eso.
Cinco palabras que aquí no significan lo que crees. Tócalas y verás.
Mi opinión
Aviso: aquí no soy nada objetivo.
Lo leí por primera vez hace muchísimo y lo recuerdo con un cariño casi físico. La segunda vez fue por obligación académica: en una clase de Filosofía nos pidieron elegir un clásico donde se vieran los valores de una sociedad, o la falta de ellos, para defenderlo después en el aula. Ni lo pensé. Elegí este, y no fue por la tesis: fue porque recordaba perfectamente cómo me hacía sentir. Releerlo fue revivir esa sensación. Pasa algo que te transporta y de repente encuentras a tu niño interior sentado ahí, esperándote, un poco molesto porque tardaste.
Voy a ser honesto: no sé si el cariño que le tengo me ciega por completo la objetividad. Probablemente sí. Pero después de releerlo ya de adulto, con lápiz en la mano, encontré algo que a los veinte no vi: el libro no está escrito para niños. Está escrito a través del niño que fuimos, que es una cosa completamente distinta. Escribir para niños es agacharse. Escribir desde ahí es acordarse. Y acordarse duele.
Porque este libro, si lo miras de cerca, es un libro sobre el duelo. El narrador no está contándonos una aventura: está tratando de no olvidar a alguien. Lo dice él mismo, casi con vergüenza, cuando explica que dibuja al principito para no olvidarlo. Todo el cuento sucede dentro de la cabeza de un hombre que se quedó solo en un desierto y que, seis años después, todavía mira el cielo por si acaso.
Hay una decisión que tomé en 2016 y que sigo firmando hoy: no voy a explicarte los símbolos. Podría pasar horas desmenuzando qué es la rosa, qué es el zorro, qué representan los tipos de los otros planetas, los volcanes, la serpiente. Pero eso es justamente lo que cada reader tiene que descubrir por su cuenta, y en el momento de su vida en que le toque descubrirlo. Explicarte la rosa sería quitarte la rosa. Los que ya lo leyeron van a entenderme sin que haga falta una sola nota al pie. Si vienes a los clásicos por primera vez, en la sección de guías de lectura tengo entradas pensadas justo para eso.
Lo que sí puedo darte son razones para leerlo, y aquí empiezo a elogiarlo sin disimulo, porque se lo merece. La prosa es de una sencillez engañosa: frases cortas, casi de lectura escolar, que de pronto te dejan una astilla adentro. El libro tiene la extensión perfecta y a la vez es demasiado corto, y digo demasiado con rabia, porque es de esos que quisieras que tuvieran mil páginas. Y las ilustraciones originales son del propio autor: acuarelas hechas por alguien que no era ilustrador profesional, y esa torpeza encantadora es parte del asunto. Son dibujos de aviador, no de estudio, y por eso funcionan.
Y luego está lo que hace con los adultos. El principito recorre planetas llenos de gente ocupadísima: el que manda, el que quiere aplausos, el que bebe, el que cuenta lo que nunca tocará, el que trabaja sin preguntarse para qué, el que escribe sobre lugares que jamás pisó. No hay un solo villano en el libro. Solo hay personas que se quedaron atrapadas en su propia rutina y ya no se acuerdan de por qué. Da más miedo así.
Y algo que quiero dejar dicho: no hace falta haber estudiado filosofía para que este libro te pegue. No hace falta saber quién es Camus ni qué es el existencialismo. A este blog viene gente que lleva veinte libros al año y gente que hace una década que no termina uno, y a los dos les va a doler la rosa igual. Ese es exactamente el tipo de libro que es.
El paseo por los planetas
Seis adultos, seis maneras de perderse. Toca uno.
Siete escalas antes de la Tierra
Elige un planeta en el mapa
El principito se va de su asteroide y visita seis mundos diminutos antes de aterrizar aquí. Cada uno tiene un solo habitante y una sola manía. Saint-Exupéry los despacha en dos páginas cada uno, y en esas dos páginas cabe media humanidad.
El rey
Reina sobre un planeta vacío y sobre las estrellas, según él. Su truco es infalible: solo da órdenes que ya iban a cumplirse solas. Ordena al sol ponerse justo cuando el sol se iba a poner.
Es la sátira más fina del libro porque no ridiculiza al tirano, sino al que confunde mandar con coincidir. Cuando el principito quiere irse, el rey lo nombra embajador para no perder el gesto de autoridad.
«Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo que a los demás.»
El vanidoso
Lleva un sombrero puesto solo para saludar cuando lo aplauden. No tiene público, así que le pide al principito que aplauda y le agradece cada palmada, una por una.
El chiste envejeció demasiado bien: el vanidoso no escucha nada que no sea una alabanza, así que técnicamente nadie puede hablar con él. Piensa en cualquier red social y ya sabes de qué planeta hablamos.
El bebedor
Es el planeta más corto y el más triste. Bebe para olvidar que se avergüenza, y se avergüenza de beber. El círculo se cierra en cuatro líneas y el principito se va sin entender nada.
Saint-Exupéry no lo juzga ni lo explica: lo deja ahí, en el círculo. En un libro tan luminoso, este planeta es un agujero. Y está puesto a propósito.
El hombre de negocios
Cuenta estrellas. Las cuenta, las anota, guarda el papel en un cajón y eso, para él, significa poseerlas. Nunca las mira. Está demasiado ocupado siendo serio.
El principito responde con la lógica más devastadora del libro: él posee una flor y la riega; posee volcanes y los limpia. Es útil para sus volcanes y para su flor. El hombre de negocios no le sirve de nada a las estrellas.
«Los reyes no poseen; reinan. Es muy diferente.»
El farolero
Su planeta gira tan rápido que ahora el día dura un minuto: enciende, apaga, enciende, apaga, sin descanso, porque esa es la consigna y él la cumple. Está agotado y no se detiene.
Es el único al que el principito respeta, y la razón es hermosa: es el único que se ocupa de algo que no es él mismo. Los demás trabajan para su propio reflejo; el farolero enciende una luz que otros verán. Absurdo, sí. Pero generoso.
Si te sirve una lectura mía: el farolero es la gente que sostiene cosas sin que nadie lo note. Enciende la suya.
El geógrafo
Escribe libros enormes sobre montañas y océanos que jamás ha visto, porque un geógrafo no puede permitirse salir del escritorio. Necesita exploradores, y desconfía de todos.
Es él quien suelta la palabra que le rompe el viaje al principito: su flor es efímera, y por eso no entra en los libros que duran para siempre. Es el momento exacto en que el niño entiende que dejó sola a la única cosa que le importaba.
La Tierra
Aquí el libro cambia de marcha. El principito aterriza en el desierto, habla con una serpiente que promete resolver todos los enigmas, sube una montaña que solo le devuelve su propio eco y encuentra un jardín con cinco mil rosas idénticas a la suya.
Ese jardín es el golpe más duro de la historia: descubrir que lo que creías único es común. Se sienta en la hierba y llora. Y justo ahí, cuando ya está roto, aparece el zorro.
«Es tan misterioso el país de las lágrimas…»
Las cuarenta y tres puestas de sol
En un planeta tan pequeño, para ver otro atardecer solo hay que mover la silla.
Desliza al principito de un lado a otro.
«Un día vi ponerse el sol cuarenta y tres veces.» Y un rato después, muy bajito: «¿Sabes? Cuando uno está muy triste son agradables las puestas de sol».
El aviador le pregunta si estaba triste el día de las cuarenta y tres. El principito no contesta. Es el momento en que este libro deja de ser un cuento.
La rosa y el zorro
Las dos cosas que hacen que este libro no sea un cuento.
También necesita espacio para crecer: toca las cuatro hierbas para quitarlas.
La rosa es insoportable. Tose cuando no tiene tos, exige un biombo, presume de cuatro espinas como si fueran garras y se ofende por todo. El principito se va de su planeta, en el fondo, huyendo de ella.
Lo que aprende después es lo que convierte este cuento en otra cosa: la rosa no era especial; se volvió especial porque él la cuidó. El tiempo que le dedicó es lo que la hace única entre cinco mil idénticas. Amar, aquí, no es un sentimiento: es una cuenta de horas.
El zorro te mira desde lejos. No te conoce.
El zorro le enseña la palabra que sostiene el libro entero: domesticar, que él traduce como crear lazos. Y le explica el método, que es una lección de paciencia difícil de aguantar hoy: sentarse un poco más cerca cada día, sin hablar, a la misma hora, para que el corazón sepa prepararse.
Después viene el precio. Cuando el principito se va, el zorro llora, y aun así dice que ganó: gana el color del trigo, que antes no significaba nada y ahora le recordará a su amigo para siempre. Es la definición de cariño más honesta que he leído en un libro de 96 páginas.
Frases que saben reír
Once estrellas. Toca una y se enciende.
Toca una estrella y aparece la frase que le corresponde.Once frases marcadas en mi ejemplar
En la versión de 2016 puse las veintiocho frases que había marcado. Esta vez dejé once, las que de verdad me marcaron; las demás las prefiero en tu propio ejemplar, subrayadas por ti.
La pluma: quién escribió esto
Un aviador de verdad, con un accidente de verdad.
Conviene saber una cosa antes de leerlo: el aviador varado en el desierto no es un recurso literario. En diciembre de 1935, Saint-Exupéry se estrelló en el Sahara junto a su mecánico André Prévot mientras intentaba batir el récord de vuelo París–Saigón. Sobrevivieron varios días con casi nada de agua, deshidratados y alucinando, hasta que un beduino los encontró. Ocho años después, ese hombre escribió un libro que empieza con un piloto estrellado en la arena.
El resto de su vida es igual de novelesco: piloto de la Aéropostale, jefe de escala en pleno Sáhara, correo nocturno sobre los Andes, exilio en Nueva York, y un último despegue del que nunca volvió. Aquí está su hoja de vuelo. Desliza y toca cada escala.
Lyon
Nace el 29 de junio en una familia aristocrática venida a menos. Vuela por primera vez a los doce años y ya no se le pasa.
La Aéropostale
Entra a la compañía que llevaba el correo entre Toulouse, España y África. Volar, entonces, era una profesión con estadísticas de mortalidad.
Cabo Juby
Jefe de escala en pleno desierto, meses de soledad y de cielo. Se le suele atribuir a un fennec, el zorro del desierto, la semilla de cierto personaje.
Buenos Aires
Dirige la Aeroposta Argentina y vuela la Patagonia de noche. De ahí salen Correo del Sur y Vuelo nocturno.
El Sahara
30 de diciembre: se estrella con André Prévot intentando el récord París–Saigón. Sobreviven en el desierto. Aquí nace el aviador del libro.
Nueva York
Exiliado, incómodo, discutido por unos y otros. Escribe El principito, buena parte en una casa de Long Island, y dibuja él mismo las acuarelas.
6 de abril
Reynal & Hitchcock lo publica en Nueva York, en inglés y en francés a la vez. En Francia no llegaría hasta después de la Liberación, con él ya muerto.
31 de julio
Despega de Córcega en una misión de reconocimiento y no regresa. Tenía 44 años y estaba, oficialmente, demasiado viejo para volar.
2004
El fondo del mar
Un pescador saca de sus redes, frente a Marsella, una pulsera con su nombre. Seis años después se confirma que los restos hallados junto a la isla de Riou son de su avión. El desierto resultó ser agua.
Dos apuntes más que cambian la lectura. El primero: el libro está dedicado a Léon Werth, su amigo judío que pasó la guerra escondido en Francia, y la dedicatoria pide disculpas por dedicárselo a una persona mayor, aclarando que ese señor fue niño alguna vez. El segundo: los estudiosos coinciden en que la rosa tiene mucho de Consuelo Suncín, su esposa salvadoreña, con quien tuvo un matrimonio tormentoso y del que él se fue y volvió varias veces.
Hoy El principito es, según los recuentos más recientes, el segundo libro más traducido del mundo después de la Biblia: más de seiscientas lenguas y dialectos, unos ciento cuarenta millones de ejemplares. Un piloto que escribía entre vuelo y vuelo terminó firmando el libro más universal del siglo XX.
La adaptación
2015: el papel contra el mundo gris.
El principito (2015), de Mark Osborne
La adaptación más reciente y, para mí, la más lista de todas, porque entendió algo: filmar el libro tal cual habría sido un desastre. Así que se inventó un marco. La protagonista es una niña a la que su madre tiene la vida planificada por horas en un panel, casilla por casilla, para que llegue a ser una adulta correcta. Su vecino es un aviador viejo y estrafalario que le empieza a pasar, hoja por hoja, la historia del principito.
Y ahí está el hallazgo: la película usa dos técnicas distintas. El mundo de la niña es animación por computadora, todo cuadrículas grises y esquinas rectas. El mundo del libro es stop motion hecho con papel, arrugado, texturado, cálido, imperfecto. No te explican la diferencia entre ser adulto y no haberlo olvidado: te la muestran en la textura de la imagen.
La música es de Hans Zimmer y Richard Harvey, con canciones de Camille. Se estrenó en Cannes el 22 de mayo de 2015 y en Francia ese julio; en Norteamérica, Paramount canceló el estreno en cines a última hora y fue Netflix quien la rescató en agosto de 2016. Ganó el César a la mejor película de animación.
Aviso de reader honesto: el tercer acto se toma libertades grandes con el material original. A mí me funcionó y me dejó llorando; hay puristas a los que no. Tú decides de qué bando eres.
- Jeff BridgesEl aviador
- Mackenzie FoyLa niña
- Riley OsborneEl principito
- Rachel McAdamsLa madre
- Marion CotillardLa rosa
- James FrancoEl zorro
- Benicio del ToroLa serpiente
- Paul RuddVoz adicional
Antes hubo otras: un musical de Stanley Donen en 1974, un anime japonés en 1979 y hasta una ópera. Ninguna se atrevió tanto como esta.
El pozo
Al octavo día, sin una gota de agua, salen los dos a buscar un pozo en el desierto.
Lo encuentran al amanecer, y no es un pozo del desierto: tiene roldana, cubo y cuerda, como los de pueblo. El aviador tira de la cuerda y la polea gime igual que una veleta vieja que llevaba mucho tiempo dormida.
Mantén pulsado para subir el cubo. Si sueltas, resbala.
Mantén pulsado para subir el cubo. También puedes usar Espacio o Enter.
La cuerda está floja y el cubo, en el fondo.
El veredicto
5 de 5 estrellas que saben reír
5 / 5
Una historia luminosa que no obliga a nadie a nada, y que aun así deberías leer al menos dos veces: una de niño y otra cuando ya no lo seas.
Léelo si
- Quieres empezar con los clásicos y no sabes por dónde: este dura una tarde y no exige nada previo.
- Te gustan los libros ilustrados y las ediciones bonitas.
- Vienes saliendo de una pérdida, una mudanza o una despedida. Este libro sabe de eso.
- Lo leíste de chico y hace más de diez años que no lo abres. Va a ser otro libro.
Quizá no sea tu momento si
- Buscas trama, giros y acción: aquí no pasa casi nada, y ese es el punto.
- Te incomoda la alegoría y prefieres que las cosas se digan literales.
- Estás con la sensibilidad a flor de piel: el final pega más fuerte de lo que la gente recuerda.
El veredicto de ustedes
Mi nota ya la di. Ahora la tuya.
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La noche estrellada
Lo último. Elige la tuya.
Toca el cieloCuando mires al cielo por la noche, una de todas esas estrellas va a ser la tuya.
Encendiste las cinco. Ya tienes estrellas que saben reír.
Chicos, esto es todo. Sé que no argumenté del todo mi lectura, y es a propósito: no quiero influir en la interpretación de nadie, haya leído o no el libro. Pero de verdad espero que ustedes compartan la suya conmigo abajo, en los comentarios, aunque sea con una frase.
Si lo leíste de niño, vuelve. Si nunca lo leíste, empieza esta noche: son noventa y seis páginas y no vas a necesitar más que una lámpara. Y si ya lo tienes subrayado hasta el lomo, entonces ya sabes por qué esta entrada terminó donde terminó, mirando hacia arriba.
Un abrazo, y que tus estrellas se rían.
Créditos de las imágenes
Todas las imágenes de esta entrada se usan con fines de comentario y crítica literaria. Los derechos pertenecen a sus autores y editoriales.
- Portada: El Principito, edición ilustrada y animada por MinaLima, Salamandra Infantil y Juvenil (Penguin Random House). Ilustración de MinaLima (Miraphora Mina y Eduardo Lima).
- Ilustraciones interiores: acuarelas originales de Antoine de Saint-Exupéry.
- Cartel y GIF: Le Petit Prince (2015), dirigida por Mark Osborne, Onyx Films / Orange Studio / Paramount / Netflix.
- Diseño, ilustración vectorial y desarrollo de esta página: Bookstrend.
Si eres titular de alguno de estos materiales y quieres que retiremos una imagen, escríbenos y se retira sin discusión.
El Principito es un libro tan pero tan especial. Una historia que todos deberían leer, no importa la edad, ¡además enseña tanto...! Qué decir, simplemente me encanta. Tienes razón, podría tener mil páginas y lo leería feliz.
ResponderEliminarUn beso
¿Verdad que si? Jajaja necesitamos más de este libro, gracias por pasarte.
EliminarCreo que haces bien en no decir mucho para no condicionar la lectura de otros y todos los que lo hemos leído entendemos perfectamente a qué te refieres. El principito es de lo mejor que he leído en mi vida y está lleno de lecciones de vida que todos deberíamos aprender. Gracias por tu reseña.
ResponderEliminarUn beso ^^
Me alegra que lo entiendas. La verdad es que es así, además es un gran libro que si no se ha leído se disfruta mejor sin saber nada sobre el. Gracias a ti por pasarte...
Eliminar¡Un abrazooo!
¡Hola! que alegría encontrar esta reseña de uno de los libros mas maravillosos que he leído en mi vida...gracias por compartir todas esas frases tan lindas y que dejan huella ...Un abrazo!
ResponderEliminarHola Marita, la verdad es que tienes razón este debería ser un libro de lectura obligatoria en la vida. Está muy genial... Muchas gracias por comentarnos.
EliminarHoli!!
ResponderEliminarMuchas gracias por pasarte por mi blog y seguirme ^^
Te sigo =)
¡Hola Mio! Gracias a ti por seguirnos de regreso.
EliminarMi madre siempre dice "Si no leíste El Principito, no tuviste infancia", y es un pensamiento que se me pegó. Este libro es simplemente precioso, quizas si uno lo lee muy de joven no entiende las reflexiones (la primera vez me ocurrio) pero hoy luego de varias relecturas se que no es así, está lleno de vida, de magia, de frases que quedan en el alma.
ResponderEliminarMe encantó leer toda esta entrada!!!
Sobre la última adaptación particularmente la disfruté mucho, creo que fue una linda manera de contar como sigue la historia.
Gracias por compartir esta entrada, la disfruté mucho.
Nos leemos. Saludos!!!
¡Hola Val! Muchas gracias por compartir conmigo tu opinión, la verdad tienes la razón, es un libro que en tan pocas páginas enseña mucho, y pocos libros pueden llegar a ser tan especiales. Lectura obligatoria.
EliminarMe alegra demasiado que hayas disfruta la entrada :D
Un abrazo muy, muy, muy fuerte.
Saludos.
Hola!!!
ResponderEliminarMuchas gracias por pasarte por mi blog, ya me he suscrito al tuyo :D
Me encanta el diseño <3
Este libro es genial, cada vez que lo leo encuentro un nuevo significado entre sus páginas :P
Nos leemos, besos ^^