[ESPECIAL] Boom latinoamericano: autores, obras y quiénes faltaron

Por Santiago Torres

Especial · El Jardín de Bookstrend

[ESPECIAL]Boom latinoamericano

Santiago Torres14 min de lecturaLiteratura latinoamericana

La selva que no cabía en una foto

Agarra el machete

Hay una foto que todos tenemos en la cabeza aunque nunca la hayamos visto. Cuatro hombres, años sesenta, humo de cigarro, alguna copa a medio terminar en una mesa de Barcelona o de París. García Márquez con su bigote, Vargas Llosa peinado como si fuera a una entrevista de trabajo, Cortázar altísimo y con cara de niño, Fuentes con la elegancia de quien creció entre embajadas. Esa foto se llama boom latinoamericano y la repetimos en el colegio, en la universidad, en las listas de «clásicos que debes leer antes de morir».

El problema es que la foto está recortada.

Afuera del encuadre quedaron los que pusieron la tierra, las que escribían lo mismo y nadie invitó a la mesa, los editores que pagaron los adelantos, la agente que les cambió la vida, los traductores que los llevaron a otros idiomas y los que vinieron después a recoger la cosecha. Así que este especial lo pensé de otra manera: el boom como una selva. Con raíces, troncos, sotobosque, enredaderas y semillas. Algunas partes se ven desde el avión. Otras hay que agacharse para encontrarlas.

Esta entrada es la puerta de esa selva dentro de El Jardín de Bookstrend. Te da el contexto antes de que entres a Macondo con mi reseña de Cien años de soledad y a la casa de los Trueba con la de La casa de los espíritus. Si vienes de alguna de esas dos, bienvenido: aquí está el mapa que te faltaba.

Agarra el machete. Vamos entrando. Y anota en tu libreta: en esta selva hay seis especímenes escondidos.

Especial Boom latinoamericano: la selva que no cabía en una foto, de Bookstrend

Borde de la selva[ANTES DE ENTRAR A LA SELVA]

El boom latinoamericano fue la explosión, entre los años sesenta y setenta, de un grupo de novelistas de América Latina que de pronto se leían en Madrid, en París, en Nueva York, en idiomas que sus abuelos ni sabían que existían. Y digo explosión con toda intención, porque así se sintió: un día el mundo editorial miraba a este continente como a un vecino exótico que mandaba café y dictadores, y al otro día estaba haciendo fila para comprar a un colombiano que contaba la historia de un pueblo inventado.

Pero aquí va lo primero que me hubiera gustado que me explicaran en el colegio: el boom fue tanto un fenómeno literario como un fenómeno editorial. Hubo talento, muchísimo, pero también hubo contratos, traducciones, premios, revistas y una ciudad, Barcelona, que se convirtió en la sala de máquinas de todo esto. Sin esa maquinaria, muchas de estas novelas habrían seguido circulando en tirajes chiquitos dentro de su propio país, como venía pasando hacía décadas.

Tampoco tiene fecha de nacimiento ni certificado de defunción. Nadie se pone de acuerdo en cuál fue la primera novela del boom (más abajo te dejo ese pleito para que votes) ni en cuándo terminó. Lo que sí existe es un año que todos señalan con el dedo: 1967, cuando Cien años de soledad se volvió un fenómeno mundial y Miguel Ángel Asturias recibió el Nobel. Ese año la selva ya no se podía ignorar.

¿Y quiénes estaban adentro? Ahí empieza lo interesante. La lista oficial tiene cuatro nombres. La lista honesta tiene muchos más.

Sobre el dosel[EL CIELO SOBRE LA SELVA]

Ninguna selva crece en el vacío, y esta creció bajo un cielo cargadísimo.

En 1959 triunfa la Revolución cubana y, por primera vez en mucho tiempo, el mundo voltea a ver a América Latina con algo parecido a la esperanza. Vienen bahía de Cochinos, la crisis de los misiles de 1962, la Guerra Fría metida hasta en las sobremesas. Para una generación de escritores jóvenes, Cuba era una promesa: la prueba de que este continente podía escribir su propia historia en lugar de que se la escribieran desde afuera.

Y mientras tanto, alrededor, los golpes de Estado se sucedían como fichas de dominó. Perú en 1968. Chile el 11 de septiembre de 1973. Uruguay, Argentina, la Operación Cóndor coordinando la persecución de opositores entre dictaduras. Muchos de estos autores escribieron desde el exilio, otros vieron cómo sus libros se prohibían en su propio país, y casi todos entendieron la literatura como una forma de participar en la discusión política de su tiempo.

Por eso estas novelas son tan raras, tan experimentales y tan políticas a la vez. Tienen dictadores, guerras civiles, masacres de trabajadores bananeros, colegios militares que trituran a sus cadetes. La fantasía, cuando aparece, rara vez sirve para escapar: suele ser la única manera de contar una realidad que ya era demasiado absurda para el realismo de toda la vida.

Ese cielo, por cierto, también fue el que terminó de partir al grupo en dos. Pero esa herida la vemos más adelante.

Bajo la tierra[LAS RAÍCES]

Toca un nombre subrayado y sigue el hilo de sus raíces por toda la selva.

Aquí viene una de mis partes favoritas, porque tiene algo de chisme y algo de injusticia. Los grandes nombres del boom solían presentarse como huérfanos: decían que no tenían padres literarios en América Latina, que todo lo habían aprendido de Faulkner, Joyce, Kafka, Proust, Woolf. Y sí, los leyeron con hambre. Pero cuando escarbas un poco la tierra, las raíces aparecen por todas partes.

  • Retrato de Rómulo Gallegos
    (Venezuela). Doña Bárbara (1929) y Canaima (1935). La llanura, la selva y la pelea entre civilización y barbarie, contadas con un narrador que todavía sabe por dónde va el camino. Es de una generación anterior y representa la novela regionalista, esa «novela de la tierra» de la que muchos autores del boom quisieron apartarse. O sea: aquí también hay una raíz que intentaron arrancar. Pero pon a conversar la naturaleza devoradora de Canaima con la selva de La casa verde. Cambió la forma de contarla; la naturaleza siguió sin pedir permiso.
  • Retrato de Jorge Luis Borges
    (Argentina). Ficciones salió en 1944. Laberintos, bibliotecas infinitas, espejos que te miran de vuelta. Para muchos es el centro de gravedad de toda la literatura latinoamericana del siglo XX, y el boom lo sacó de las librerías de Buenos Aires para ponerlo en el mundo.
  • Retrato de Juan Rulfo
    (México). Dos libros, nada más: El llano en llamas y Pedro Páramo (1955). Un pueblo donde los muertos siguen hablando entre los murmullos. Sin Comala, te lo digo con toda la confianza, no hay Macondo. García Márquez nunca escondió que ese libro le cambió la forma de escribir.
  • Retrato de Alejo Carpentier
    (Cuba). En el prólogo de El reino de este mundo (1949) bautizó lo real maravilloso: la idea de que en América lo prodigioso forma parte de la vida diaria y no hace falta inventarlo. Guarda esa idea, que la retomamos en un claro del camino.
  • Retrato de Miguel Ángel Asturias
    (Guatemala). El señor Presidente (1946) y Hombres de maíz (1949). Dictadores y mitos mayas antes de que fuera tendencia. Nobel en 1967, el mismo año de Cien años.
  • Retrato de Juan Carlos Onetti
    (Uruguay). El pozo (1939) y La vida breve (1950). La ciudad inventada de Santa María, gris, sucia, desencantada. Si Macondo es el calor, Santa María es la llovizna.
  • Retrato de José María Arguedas
    (Perú). Los ríos profundos (1958). El quechua y el castellano peleándose y abrazándose dentro de la misma frase.
  • Retrato de María Luisa Bombal
    (Chile). La última niebla (1934) y La amortajada (1938). Una mujer muerta que sigue percibiendo todo desde su ataúd, treinta años antes de que a alguien se le ocurriera llamar «mágico» a ese realismo. Es chilena, la tenemos aquí al lado, y todavía hay lectores que nunca escucharon su nombre.

Estas raíces estaban ahí mucho antes del estallido. Algunas fueron alimento; otras, el modelo contra el que se rebelaron. El boom no inventó esa tierra, aunque a ratos hablara como si hubiera llegado a un terreno baldío.

Lo que se ve desde el avión[LOS CUATRO TRONCOS]

Ahora sí, los que salen en la foto. Entre 1962 y 1967 publicaron las novelas que abrieron el claro en la selva, y se volvieron amigos, rivales, compadres y, al final, a veces enemigos. Su correspondencia se reunió en 2023 en Las cartas del Boom, por si alguna vez quieres leerlos hablando de libros, de dinero y de política como cualquier grupo de amigos con WhatsApp, pero en papel.

México, 1928–2012

Retrato de Carlos Fuentes

Nació en Panamá, hijo de un diplomático mexicano, y creció mudándose de ciudad en ciudad: Washington, Santiago, Buenos Aires, Río. Quizá por eso fue el más cosmopolita del grupo y también su gran promotor. La muerte de Artemio Cruz (1962) cuenta la vida de un revolucionario convertido en millonario corrupto mientras agoniza en su cama, saltando entre el yo, el tú y el él como si la conciencia se le estuviera desarmando. Ese mismo año publicó Aura, una novelita breve, rarísima y escrita en segunda persona, que deberías leer una noche de lluvia. Fue además el que más teorizó todo esto: en 1969 publicó La nueva novela hispanoamericana.

Llamas de Aura: las velas que alumbran la casa de Consuelo y nunca se apagan del todo.

Perú, 1936–2025

Retrato de Mario Vargas Llosa

Tenía veintitantos años cuando La ciudad y los perros ganó el Premio Biblioteca Breve de Seix Barral en 1962. La novela retrata la crueldad de un colegio militar de Lima y, según la historia que él mismo repitió por décadas, en Lima quemaron ejemplares en el patio de ese mismo colegio. Mejor publicidad no se pudo pedir. Después vinieron La casa verde (1966) y Conversación en La Catedral (1969), con esa pregunta que todavía nos persigue: «¿En qué momento se había jodido el Perú?». Ganó el Nobel en 2010 y murió en Lima en abril de 2025. Con él se fue el último de los cuatro troncos que quedaba en pie.

Luciérnagas sobre el Marañón, el río que corre por La casa verde.

Argentina, 1914–1984

Retrato de Julio Cortázar

El más juguetón y el más alto: casi dos metros de un hombre con cara de adolescente eterno. Vivió en París desde 1951. Sus cuentos de Bestiario, Final del juego y Las armas secretas ya eran extraordinarios, pero Rayuela (1963) lo cambió todo: una novela que puedes leer en el orden de siempre o saltando capítulos según un tablero que el propio libro te propone. Si alguna vez sentiste que un libro te pedía jugar con él, Cortázar llegó antes que los videojuegos. Fíjate en algo: Cortázar casi no escribe realismo mágico. Lo suyo es lo fantástico que se cuela por una grieta de lo cotidiano. Ya volveremos a esa diferencia.

Conejitos de «Carta a una señorita en París»: el narrador los vomita, vivos, uno tras otro.

Colombia, 1927–2014

Retrato de Gabriel García Márquez

Gabo empezó como periodista y escribió mucho antes de la gloria: La hojarasca, El coronel no tiene quien le escriba (1961). Luego se encerró en Ciudad de México, vendió lo que pudo, empeñó lo que no, y salió con Cien años de soledad (1967). Contaba las cosas más insólitas con la cara de piedra de su abuela, y eso, la naturalidad absoluta frente a lo imposible, se volvió una marca reconocible en el mundo entero. Nobel en 1982. De Macondo, los Buendía y las mariposas amarillas te hablo en su reseña, que para eso tiene su propia casa en este jardín.

Mariposas amarillas: las que siguen a Mauricio Babilonia por todo Macondo.

Donde entra la luz[EL CLARO]

Hagamos una pausa. Aquí la selva se abre, entra el sol y conviene aclarar algo que casi todo el mundo mezcla.

Boom y realismo mágico son dos cosas distintas. El boom fue un momento editorial y generacional: un grupo de autores, unos años, un mercado que se abrió. El realismo mágico es una manera de narrar: contar lo imposible con total naturalidad, sin que el narrador se sorprenda, como si una mujer que sube al cielo mientras tiende las sábanas fuera una noticia más del día.

Se cruzan, claro. Cien años de soledad es el gran ejemplo de las dos cosas a la vez, y por eso se confunden. Pero mira el mapa:

  • Cortázar es del boom y escribe lo fantástico, que inquieta porque rompe lo cotidiano. Eso pertenece a otra familia.
  • Vargas Llosa es del boom y es realista hasta los huesos.
  • Fuentes coquetea con lo fantástico (Aura), pero su gran tema es la historia de México.
  • Carpentier teorizó lo real maravilloso en 1949, antes del estallido.
  • Rulfo, Bombal y Elena Garro ya escribían con muertos que hablan y tiempos que se doblan antes de que existiera la etiqueta.

La raíz es antiquísima: los cronistas de Indias ya describían este continente como un lugar donde lo fabuloso se anotaba como dato. Lo que hizo el boom fue ponerlo de moda en el mundo. Después de 1967, cualquier novela latinoamericana con una abuela vidente y una lluvia de flores amarillas se vendía como «realismo mágico», y eso nos dejó un estereotipo que todavía cargamos.

¿Boom, realismo mágico o las dos?

Seis libros salieron al claro. Clasifica cada uno y despeja el claro.

Portada de Rayuela

RayuelaCortázar, 1963

Portada de Cien años de soledad

Cien años de soledadGarcía Márquez, 1967

Portada de Pedro Páramo

Pedro PáramoRulfo, 1955

Portada de La ciudad y los perros

La ciudad y los perrosVargas Llosa, 1963

Portada de Los recuerdos del porvenir

Los recuerdos del porvenirElena Garro, 1963

Portada de La casa de los espíritus

La casa de los espíritusAllende, 1982

Aciertos: 0 de 6 · el claro se despeja cuando aciertas los seis.

De dónde viene, cómo se escribe y por qué viajó hasta Toni Morrison, Salman Rushdie o Murakami es una conversación que merece su propia entrada en este jardín. Aquí solo quería que supieras que, cuando alguien te diga que Rayuela es realismo mágico, tienes permiso para levantar una ceja.

A la sombra[EL SOTOBOSQUE]

Esta es la sección por la que existe este especial.

El sotobosque es la vegetación que crece abajo, a la sombra de los árboles grandes. Desde el avión no se ve. Hay que meterse, agacharse, apartar hojas. Y cuando lo haces, te das cuenta de que estaba lleno de vida.

Todos los nombres oficiales del boom son de hombres. Todos. La crítica se lo ha señalado al movimiento desde hace décadas, junto con la forma en que esas novelas trataban a sus personajes femeninos. Y no es que faltaran escritoras con el mismo talento, la misma ambición o incluso los mismos recursos. Escribían en la misma década, con la misma audacia. Lo que les faltó fue la invitación a la mesa, el contrato con la editorial de Barcelona, la foto.

La foto de familia

0/6 sillas ocupadas

Fuentes
Vargas Llosa
Cortázar
García Márquez

Cuatro hombres y seis sillas vacías. Toca cada silla para sentar a quien debió estar en la foto.

Estas son las que debieron estar:

  • Retrato de Elena Garro
    (México). Los recuerdos del porvenir se publicó en 1963, cuatro años antes que Cien años de soledad. Es una novela narrada por un pueblo entero, Ixtepec, donde el tiempo se detiene, una mujer se convierte en piedra y la memoria colectiva habla en primera persona del plural. Ganó el Premio Xavier Villaurrutia. Si buscas realismo mágico antes de Macondo, aquí lo tienes, escrito por una mujer a la que la historia literaria recordó durante años sobre todo como «la esposa de Octavio Paz». Eso duele un poco, ¿no?
  • Retrato de Rosario Castellanos
    Rosario Castellanos (México). Balún Canán (1957) y Oficio de tinieblas (1962). Chiapas, el mundo indígena, el racismo y la condición de las mujeres contados desde adentro, con una lucidez que todavía corta.
  • Retrato de Silvina Ocampo
    (Argentina). Cuentos crueles, perversos, infantiles y aterradores. Vivió a la sombra de Borges, de Bioy Casares y de su hermana Victoria, y hoy muchos lectores la descubren y se preguntan dónde estuvo escondida tanto tiempo.
  • Retrato de Clarice Lispector
    Clarice Lispector (Brasil). La pasión según G. H. (1964): una mujer, una cucaracha y una crisis metafísica en un cuarto de servicio. Escribía en portugués y por eso casi nunca entra en las listas, pero fue tan radical como cualquiera de los cuatro.
  • Retrato de Elena Poniatowska
    Elena Poniatowska (México). Hasta no verte Jesús mío (1969) y La noche de Tlatelolco (1971). Le dio voz a los que nadie entrevistaba. Estaba activa en pleno auge y la crítica la ubicó después, en el post-boom.
  • Retrato de María Luisa Bombal
    Y vuelvo a nombrarla, porque le corresponde estar en dos lugares: , que lo hizo primero que todos.

No te voy a pedir que dejes de leer a los cuatro grandes. Te voy a pedir que, la próxima vez que alguien diga «el boom», pienses también en Ixtepec.

Trepando hacia la luz[LAS ENREDADERAS]

Las enredaderas no son árboles, pero sin ellas la selva no se sostiene. Suben por los troncos, los conectan, los llevan hasta la luz. En el boom, las enredaderas fueron las personas, las editoriales y las instituciones que hicieron posible que tú tengas hoy esas novelas en tu estante.

  • Retrato de Carmen Balcells
    , la agente literaria de Barcelona. Antes de ella, los escritores firmaban contratos que los dejaban prácticamente indefensos frente a las editoriales. Ella peleó derechos, adelantos y porcentajes como si le fuera la vida. Convirtió a sus autores en profesionales que podían vivir de escribir, algo que en América Latina sonaba casi a ciencia ficción. Vargas Llosa la llamaba «la Mamá Grande» de la novela latinoamericana. Y anota este dato, que te lo cobro más abajo: también fue la agente de Isabel Allende.
  • Retrato de Carlos Barral
    Carlos Barral y Seix Barral. La editorial de Barcelona y su Premio Biblioteca Breve dieron el pistoletazo de salida con La ciudad y los perros. Ojo con un detalle incómodo: todo esto ocurría bajo la censura de Franco, que revisaba y a veces mutilaba estos libros antes de imprimirlos.
  • El Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos. Venezuela lo creó en 1964 y la primera edición, en 1967, la ganó Vargas Llosa con La casa verde. En Caracas, al recibirlo, dio su discurso «La literatura es fuego». Como declaración de intenciones, cuesta mejorarle el título. Después lo ganaron García Márquez con Cien años de soledad (1972) y Fuentes con Terra Nostra (1977). Tres de los cuatro troncos, premiados bajo el apellido de uno de esos padres literarios que habían querido dejar atrás. Y luego nos quieren vender la historia de los huérfanos.
  • Retrato de Francisco «Paco» Porrúa
    Francisco «Paco» Porrúa, editor de Sudamericana en Buenos Aires. Publicó Rayuela y, en 1967, apostó por un manuscrito de un colombiano casi desconocido. Ya sabes cuál.
  • Las revistas. Mundo Nuevo, desde París, y la revista de Casa de las Américas, desde La Habana, fueron vitrinas, campos de batalla y punto de encuentro. Alrededor de ellas se discutía qué era ser escritor latinoamericano y de qué lado había que estar.
  • Los traductores. Gregory Rabassa tradujo Rayuela y Cien años de soledad al inglés, y Gabo llegó a decir que la versión en inglés le gustaba más que el original. Más tarde, Edith Grossman siguió con García Márquez y con Vargas Llosa. Sin ellos, el boom habría sido un fenómeno de lengua española y nada más.

También hubo un momento clave aquí al lado: en 1962, el Congreso de Intelectuales de la Universidad de Concepción reunió en Chile a Neruda, Arguedas, Roa Bastos, Fuentes y Carpentier, entre otros. José Donoso estaba ahí. La queja general fue que los latinoamericanos conocían perfectamente a los europeos y a los gringos, pero no se leían entre ellos porque los libros no cruzaban fronteras. Pocos años después, las enredaderas resolvieron ese problema.

En el borde de la foto[LOS ÁRBOLES DE AL LADO]

Hay árboles enormes que crecieron en la misma época, a pocos metros de los cuatro troncos, pero que la foto dejó en el borde, medio cortados. Unos entran en todas las listas ampliadas del boom; otros quedan en la frontera con lo que vino después. Todos merecen que les dediques una tarde.

  • Retrato de José Donoso
    (Chile). El lugar sin límites (1966) y El obsceno pájaro de la noche (1970), una de las novelas más perturbadoras que se han escrito en este continente: una casona de viejas, monstruos y un narrador que se va deshaciendo. En 1972 publicó Historia personal del «boom», el testimonio de alguien que lo vivió desde adentro, con envidia, cariño y bastante ironía. Si te gusta el chisme literario bien escrito, empieza por ahí.
  • Retrato de Augusto Roa Bastos
    (Paraguay). Hijo de hombre (1960) y Yo el Supremo (1974), la novela del dictador Francia escrita en plena dictadura de Stroessner. Hay críticos que lo comparan con el Ulises de Joyce, así que prepárate.
  • Retrato de Ernesto Sabato
    Ernesto Sabato (Argentina). Sobre héroes y tumbas (1961), con su «Informe sobre ciegos», que es una pesadilla dentro de otra.
  • Retrato de Guillermo Cabrera Infante
    Guillermo Cabrera Infante (Cuba). Tres tristes tigres (1967): La Habana nocturna, juegos de palabras sin freno, una novela que suena a bolero y a trabalenguas. Terminó en el exilio y peleado con medio mundo.
  • Retrato de José Lezama Lima
    José Lezama Lima (Cuba). Paradiso (1966). Barroca hasta la asfixia, de esas novelas que se leen con diccionario y paciencia.
  • Retrato de Manuel Puig
    Manuel Puig (Argentina). La traición de Rita Hayworth (1968), Boquitas pintadas y El beso de la mujer araña. Cine, radionovela y cultura pop metidos en la alta literatura. Fue el puente entre el boom y lo que vino después.

Y la lista podría seguir: Juan Rulfo vuelve a aparecer aquí, también Felisberto Hernández, Bioy Casares, Salvador Garmendia, Guimarães Rosa. Como el boom no tiene principio ni fin claros, tampoco tiene una lista definitiva de integrantes. Esa ambigüedad es justo lo que permite agrandar la foto.

La falla en el suelo[LA GRIETA]

Toda selva tiene una falla en el suelo. La de esta tiene fecha: 20 de marzo de 1971.

Ese día, en La Habana, detuvieron al poeta Heberto Padilla y a su esposa, la poeta Belkis Cuza Malé, acusados de actividades subversivas. A Padilla lo obligaron después a leer una autocrítica pública, humillante, en la que acusaba a sus amigos y se acusaba a sí mismo. Intelectuales de medio mundo firmaron cartas de protesta. Vargas Llosa rompió con la Revolución cubana y nunca volvió atrás. García Márquez se mantuvo cerca de Fidel Castro hasta el final. Cortázar quedó en un lugar incómodo, protestando y defendiendo al mismo tiempo. Para muchos estudiosos, el caso Padilla marca el principio del fin del boom: el sueño compartido de Cuba se rompió, y con él se rompió el grupo.

Vargas Llosa

Rompe con Cuba tras el caso Padilla y no vuelve atrás.

García Márquez

Se queda cerca de Fidel Castro hasta el final.

Cortázar

Protesta y defiende a la vez. El lugar más incómodo.

1976

Un puñetazo en un cine de Ciudad de México. El motivo, nunca contado.

La Habana1971El caso Padilla
Ciudad de México1976El ojo morado

Y luego está el puñetazo. En febrero de 1976, en un cine de Ciudad de México, Vargas Llosa le dio un golpe en la cara a García Márquez. Hay una foto famosa de Gabo, tomada días después, con el ojo morado y una sonrisa que no termina de ser sonrisa. Ninguno de los dos explicó jamás el motivo en público. Murieron sin contarlo. Si me preguntas, es el final más latinoamericano posible para una amistad entre dos genios: un misterio, un ojo hinchado y cuarenta años de silencio.

Pero la grieta también fue crítica, y vale la pena escucharla:

  • Retrato de Mario Benedetti
    Mario Benedetti veía a los autores del boom como una élite privilegiada, con acceso a una cultura universal que la gente común de América Latina no tenía.
  • Retrato de Ángel Rama
    Ángel Rama desconfiaba de «la lista»: cada quien tenía la suya, siempre reducida, y en la práctica pertenecía al boom quien más vendía.
  • Otros criticaron el exceso de experimentación, que con el tiempo se volvió una fórmula nueva, y el énfasis en lo histórico y lo fantástico, que a algunos les parecía alejado de la urgencia política del momento.
  • Y la crítica que este especial intenta reparar: un movimiento entero sin una sola mujer en la foto oficial.

No te cuento esto para bajar a nadie del pedestal. Te lo cuento porque los pedestales sin grietas son de yeso, y estos autores eran de carne, con pleitos, egos, contradicciones y cuentas por pagar.

Lo que cayó al suelo[LAS SEMILLAS]

Cuando una selva así de grande deja caer sus semillas, lo que crece después nunca es una copia. Desde los años ochenta se empezó a hablar del post-boom: escritores, en su mayoría nacidos entre los cuarenta y los sesenta, que crecieron leyendo a los cuatro grandes y luego hicieron otra cosa con esa herencia. Su prosa es más directa y les interesa más la cultura popular, el amor, la vida cotidiana. Y, por fin, en esta generación las mujeres están en el centro de la foto.

Chile

Retrato de Isabel Allende

Aquí te cobro el dato de Carmen Balcells: el manuscrito de La casa de los espíritus llegó a sus manos y la novela se publicó en Barcelona en 1982. Allende es, en palabras de la crítica, un producto del boom: una heredera directa que tomó la saga familiar, los fantasmas y la política, y los contó desde las mujeres de la familia Trueba. Clara, la que mueve objetos con la mente y anota todo en sus cuadernos, es la abuela que el boom nunca dejó hablar tanto. Y el golpe de 1973, que vimos en el cielo de esta selva, atraviesa la novela entera.

México

Retrato de Laura Esquivel

Como agua para chocolate (1989): recetas, rancho, revolución y una cocinera cuyas emociones pasan directo a la comida y de ahí a quienes la comen. La crítica la incluye entre las voces del post-boom, así que esa reseña que ya publiqué también vive en este rincón del jardín.

Sigue el senderoMi reseña de Como agua para chocolate

Y más semillas

  • Antonio Skármeta (Chile). Ardiente paciencia (1985), la del cartero de Neruda.
  • Luisa Valenzuela (Argentina) y Cristina Peri Rossi (Uruguay), activas desde la época del boom y fundamentales en lo que vino después.
  • Rosario Ferré (Puerto Rico), con Papeles de Pandora.
  • Alfredo Bryce Echenique (Perú), Tomás Eloy Martínez (Argentina) y Luis Sepúlveda (Chile), cada uno con su propio camino fuera de la sombra de los cuatro.

El semillero

Cada país dejó caer sus semillas. Haz florecer al menos cinco.

Lo que vino después de esta generación, hasta las voces que hoy reinventan el terror y lo fantástico en español, es otro bosque. Ya lo recorrimos un poco en octubre con El nuevo terror se escribe en español.

La bifurcación[¿CUÁL ABRIÓ LA PUERTA?]

Te prometí un pleito y aquí está. Los críticos llevan décadas discutiendo cuál fue la primera novela del boom, y nadie gana. Estas son las candidatas con más votos académicos:

  • , Augusto Roa Bastos (1960). La defendió el crítico chileno Fernando Alegría.
  • La ciudad y los perros, Mario Vargas Llosa (premiada en 1962, publicada en 1963). El premio de Seix Barral fue el primer gran golpe editorial.
  • Rayuela, Julio Cortázar (1963). Para muchos, el libro que cambió la forma de leer una novela.
  • Hombres de maíz, Miguel Ángel Asturias (1949). Para quienes creen que todo empezó mucho antes.
  • Cien años de soledad, Gabriel García Márquez (1967). No fue la primera, pero fue la que convirtió el boom en un fenómeno mundial. Algunos dirían que ahí recién empezó de verdad.

Yo tengo mi favorita, pero no te la voy a decir todavía para no influir en el resultado. Vota abajo y defiende tu respuesta en los comentarios.

¿Cuál abrió la puerta de la selva?

La biblioteca del campamento[PARA SEGUIR LEYENDO]

Si esta selva te dejó con ganas de perderte más adentro, estos libros cuentan el boom desde adentro y desde afuera:

  • Historia personal del «boom», José Donoso (1972). El testimonio más honesto y divertido de quien estuvo en la fiesta.
  • La nueva novela hispanoamericana, Carlos Fuentes (1969). El boom explicado por uno de sus protagonistas.
  • Los nuestros, Luis Harss (1966). Entrevistas con los autores cuando todo estaba pasando.
  • Aquellos años del boom, Xavi Ayén (2014). La crónica de los amigos que lo cambiaron todo, con mucho detalle de la vida en Barcelona.
  • Las cartas del Boom, Cortázar, Fuentes, García Márquez y Vargas Llosa (2023). Ellos mismos, sin intermediarios.

La libreta del explorador

Seis especímenes se esconden en esta selva. Reúnelos todos para abrir el expediente.

La foto completa
Un hilo de raíz
El claro despejado
La grieta abierta
Cinco semillas en flor
Tu voto en la bifurcación
Expediente cerrado. Te faltan especímenes por encontrar.

El sendero de regreso[ANTES DE SALIR DE LA SELVA]

Si llegaste hasta aquí, ya sabes más del boom de lo que te enseñan en el colegio, donde casi siempre se reduce a cuatro nombres y una fecha. Ahora tienes raíces, troncos, sotobosque, enredaderas y semillas. Tienes a Garro en Ixtepec, a Bombal en su ataúd que todavía siente, a Balcells peleando contratos y a Gabo con el ojo morado.

La puerta sigue abierta. De un lado está Macondo y, del otro, la casa de la esquina donde Clara escribe sus cuadernos. Elige por dónde quieres seguir.

Nos leemos la próxima.

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